#YoParoTrans: QUEREMOS SER PUTAS, TRAVESTIS Y LIBRES

Actualizado: jun 20

Por Comunicaciones de la Red Comunitaria Trans //


Los puntos que la Red Comunitaria Trans, una organización fundada y liderada por trabajadoras sexuales trans, considera urgentes para incluir en las discusiones sobre el Paro Nacional.


El 12 de diciembre, la Red Comunitaria Trans realizó un cacerolazo trans en el barrio Santa Fe, denominado #YoParoTrans, en el marco del Paro Nacional. Allí, la organización anunció puntos específicos que considera urgente incluir en el debate público. El neoliberalismo ha encogido los servicios sociales del Estado. Ha creído que los problemas más graves de desigualdad y pobreza se solucionan con cárcel, lo que se ha traducido (en la práctica) en una criminalización sistemática de la pobreza. La discusión sobre la violencia estatal tiene que tener en cuenta a las putas y a las trans. En este despertar colectivo, quisiéramos poner sobre la mesa temas urgentes que están poniendo nuestra vida en peligro cotidianamente. Por ejemplo, este año la Defensoría del Pueblo emitió alerta temprana para ONGs, activistas y trabajadoras sexuales, entre otros, del Santa Fe y otros barrios.


Fundamentalmente, creemos que debemos cambiar el chip castigador que, al criminalizar las economías donde están las personas que no tienen otras opciones de sostenimiento económico, terminan afectando a grupos históricamente excluidos y discriminados en el mercado laboral formal. Por eso, es urgente priorizar en esta coyuntura nacional tres temas que criminalizan, por su impacto, de forma desproporcionada, a las personas Trans y a las trabajadoras sexuales:


1. #POTsinPutafobia

Los Planes de Ordenamiento Territorial deben garantizar los derechos de las trabajadoras sexuales. Queremos que el equipo de Claudia López se reúna con nosotras para escuchar nuestras preocupaciones e investigaciones. Por favor, ayudennos tuiteando a @ClaudiaLopez con la etiqueta #POTsinPutafobia, diciéndole porque las vidas trans y de trabajadoras sexuales también importan.


2. #PutearEsUnDerecho

La Corte Constitucional reconoció que el trabajo sexual debe ser considerado un trabajo. El neoliberalismo ha precarizado diferentes oficios. Sin embargo, los trabajos masculinizados (por ejemplo, ser minero) han tenido más reconocimiento social y económico. Nadie que quiera un mundo con derechos humanos defendería la idea de que los mineros no deberían tener derechos laborales. Sin embargo, lo mismo no ocurre con los trabajos feminizados.

Particularmente con las personas que se oponen a que puteemos de forma justa, digna y libre de violencias. El país debe reconocer que la trata de personas y el trabajo sexual no son la misma cosa, porque en uno no hay consentimiento y en el otro, sí. Si queremos un país donde todes tenemos el derecho a hacer con nuestro cuerpo lo que se nos da la gana, necesitamos que unamos fuerzas para presionar por una regulación que sea la más efectiva posible para los bolsillos y los derechos humanos de las putas. Siempre, por supuesto, con vocería y participación real de las trabajadoras sexuales.


3. Legalización de las drogas (impacto de la política de drogas en personas trans)

Según cifras del INPEC, el 40% de personas LGBT, y el 30% de las personas trans en la cárcel, respectivamente, están privadas de su libertad por delitos relacionados con drogas. El país debe dejar la doble moral, salir del closet y ser práctico para que no se siga derramando sangre de forma absurda y estúpida. Llegó la hora de que nos digan que “el niño Dios no existe” y reconocer dos verdades evidentes:

  • La guerra contra las drogas es un absoluto fracaso y sólo ha servido para agravar ciclos de pobreza y exclusión, poniendo en la cárcel a los eslabones de más abajo de la economía de las drogas.

  • Mucha más gente de la que parece se droga. Drogarse tiene que ver con el placer y puede hacerse de forma responsable. Si, pero también es verdad que se nos puede pasar la mano. Sin embargo, criminalizar su venta o consumo sólo nos estigmatiza. Las política de drogas nos afectan, porque muchas veces las zonas de puteo están ubicadas en lugares cercanos a donde están "las ollas". Nos afectan porque la exclusión y la criminalización han deteriorado nuestra salud mental, haciéndonos más vulnerables a las adicciones. Nos afectan porque banalizan nuestras vidas. En serio ¿vale la pena tanta guerra, tanta violencia policial y encarcelamiento a los sectores más excluidos de nuestra sociedad, todo esto, sólo porque alguien quiere echarse un pasesito o fumarse unos plones? Es una balanza y una lógica antiética y absurda que debemos replantearnos como nación.

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