SOBRE LO OCULTO DE LAS ARENGAS

Por Erika Julieth López Tejada//


Foto: Yinna Ortiz, Colectivo Viraje



Hace varios días quería escribir sobre un tema que realmente me impactó, pero no tenía las palabras y el conocimiento para discutirlo, ni mucho menos para dar una interpretación acertada de la situación, así que, para dar inicio a este ensayo, quiero empezar relatando el momento exacto del hecho.


Mayo de 2021, un día de protestas en la ciudad de Armenia, salí a marchar con una amiga y su hijo de 18 años, un chico que es abiertamente bisexual, quien había terminado una relación sentimental con otro hombre aproximadamente un mes antes. En el proceso de la marcha fui notando varias cosas que empezaron a incomodarle y entre esas, algunas arengas que de forma despectiva y/o como insulto utilizaban palabras como “maricón”, en medio de su incomodidad tomaba la iniciativa para dirigir estos canticos y así no recurrir, ni escuchar los ya mencionados, por esta razón, empecé a preguntarme por qué existen arengas que fueron creadas con un mensaje machista, misógino, sexista, homofóbico y clasista.


Ahora entiendo que, los espacios de resistencias tienen algunas falencias, solamente se resiste por unos intereses particulares y/o grupales, pero no se han eliminado esos discursos dominantes heteropatriarcales y performativos impuestos culturalmente. Y mi pregunta ahora es ¿podemos cambiar como sociedad si no existe una transformación frente a estas imposiciones? Realmente no sabría responder y sería un proceso de muchos años entendiendo el contexto actual que sigue conservando algunas prácticas y estereotipos dominantes. Sin embargo, pienso, que los espacios de protesta reúnen a muchas comunidades e intereses y las arengas deben ser construidas con el fin de guardar ese respeto entre las personas manifestantes para evitar cualquier tipo de conflicto y desunión.


Decirle “maricón” a un policía, “zorra” a la ministra, refleja exactamente esa reproducción discursiva de los mensajes de discriminación, exclusión y rechazo de lo que consideramos anormal, decir que “el que no estudia es policía” evidencia la falta de empatía y elitismo frente muchas personas que no han tenido la posibilidad de ingresar a una universidad y no necesariamente pertenecen a esta institución decadente, donde muchos jóvenes que prestaron su servicio militar por falta de oportunidades se han visto obligados a quedarse allí, así que, no se trata de despertar odio tratando de insultar a unas personas con palabras y frases que hacen parte de la vida, la identidad y la cotidianidad de muchas. La forma de expresar nuestro inconformismo no debe ir direccionada por medio de los mismos discursos con los cuales nos han querido disciplinar y controlar.


Encontrándonos inmersas en el campo de la noopolítica, manipuladas de forma mediática para establecer poder y control sobre nosotras mismas, tenemos la obligación de empezar a reconocer esas relaciones de dominación partiendo de las prácticas de transformación individuales, y de esta forma cambiar esos discursos dominantes desde nuestro interior, para luego actuar en colectivo.


Para terminar, quiero decir que la aceptación de las diferencias y el cambio social depende del análisis individual y colectivo frente a los medios de poder y control establecidos por los discursos dominantes y es necesario empezar a transformar nuestras formas de percibir las realidades sociales lejos de los prejuicios impuestos.


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