Sí, la calle también es nuestra voz

Por Mayra Monroy


Foto: Tomada por Mayra Monroy.


Botas, tapabocas, pancartas y plantón en la calle gris, frente al Batallón de la Quinta Brigada del Ejército, en Bucaramanga, nos unimos en red. Mujeres del común y colectivas feministas de la ciudad ¿Por qué?, por realidades comunes como impunidad, feminicidios, violaciones, persecución y violencia sistemática hacia los cuerpos de las mujeres. Cuerpos de la migrante, de la niña, de la indígena, de la trans, de las disidencias sexuales y de género. El pasado 8 de julio salimos a las calles para manifestar la rabia, el dolor y la preocupación por la falta de garantías del Estado frente a nuestras cuerpas.


Pero ni siquiera la calle nos basta. La movilización es nuestra protesta manifiesta en comunidad, esa realidad que nos toca a todas, que nos toca en silencio, en la casa, en la calle, en la ciudad, en lo rural, en el día a día por resistir ante un Estado que nos sigue aniquilando. Este plantón, que suscitó la digna rabia, nos recuerda los 129 feminicidios durante la cuarentena, las violaciones por parte del ejército colombiano, los siete transfeminicidios ocurridos entre enero y junio del 2020*, además de las múltiples violencias que vivimos a diario.


Este plantón fue nuestra forma de encontrarnos, de tejer redes y de alzar la voz. La realidad es que nos siguen matando y la negligencia del Estado frente a nuestras vidas es incesante. Y sí, por eso nos unimos, porque no queremos que ninguna muerte sea impune, silenciada u olvidada. Sin embargo, manifestarse en tiempos de pandemia representa una rebeldía frente a la norma. Una desobediencia que se vio puesta en peligro justo después de intentar movilizarnos, cuando la Policía y el Esmad empezaron a agredirnos, a perseguirnos y a insultarnos.


Es por eso por lo que la calle, que ha sido territorio de múltiples movilizaciones, en este día, quienes la habitábamos fueron lugar de un acto de resistencia. Desde el comienzo, con las arengas feministas, con los performances, la poesía, el rap, la “Canción sin miedo” de Vivir Quintana adaptada al contexto colombiano y las demás manifestaciones artísticas y políticas que allí se presentaron. Y aunque el plantón fue contestario, la violencia por parte de la Policía fue exacerbada. Vimos a agentes policiales agrediendo a las compañeras, empujándonos o intimidándonos con sus armas. Éstas son imágenes que recrean nuevamente esos escenarios donde la violencia persiste.


Cuando decimos “¡El Estado opresor es un macho violador!”, “¡Nos queremos vivas!” o “¡Si tocan a una, respondemos todas!”, lo hacemos porque la violencia machista persiste. Porque este sistema patriarcal sigue cobrando la vida de compañeras, mujeres y niñas. Porque esta pandemia recrudece las desigualdades y las necesidades básicas insatisfechas. Porque vivir o quedarse en casa es un privilegio para pocos. Porque la crisis, además de ser económica, política, social y de salud, también es una alerta de emergencia frente a los feminicidios y la violencia sistemática hacia los cuerpos de las mujeres, las niñas, las personas trans y no binarias.


“¡Justicia, justicia, justicia!” fueron los gritos de las arengas, siendo en este llamado que asistimos mujeres de la ciudad, reconociendo el riesgo en el que viven y vivimos. Por eso, la denuncia se hizo frente a la sede en nuestra ciudad de una institución estatal que ha sido históricamente reconocida como foco de violencia frente al género, la orientación sexual, la identidad de género, entre muchas otras. Pero que se encuentran allí plasmadas, no solo externas a la institución sino dentro de la misma institución del ejército colombiano, que ha censurado y silenciado estas violencias.


No pretendo acá hablar por todas, hablo por mí. De las voces que no callaron ese día, de las que seguirán manifestándose en todos los escenarios posibles. Porque somos muchas, porque estamos alarmadas, agotadas, pero atentas. Porque, aunque el miedo atemoriza a nuestras compañeras. Compañeras que te dan la mano, que te cuidan y cuidas. Porque de eso se trata, de encontrarnos, de conocernos, reconocernos y organizarnos.



*Cifras tomadas del Observatorio feminicidios Colombia, del Sistema de información de la Red feminista antimilitarista.

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