Reseña de la novela Las malas de Camila Sosa Villada


Por: Angélica Maria Peña/


“Las travestis trepan cada noche desde el infierno del que nadie escribe, para devolver la primavera al mundo” pág. 17.


Como opuesto del día, la noche transformaba al parque Sarmiento. Cada noche los hombres bajaban la velocidad de sus vehículos ante los cuerpos de las travestis que desfilaban frente la estatua de Dante a la espera de un cliente. En la oscuridad se soportaba el dolor, el hambre, la rutina y la persecución policial con whisky y una que otra droga. Y así, con la noche comienza Las malas (2019), la segunda novela de la escritora y actriz trans Camila Sosa Villada, novela con la que ganó el premio Sor Juana 2020 en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.


Esa noche mientras escapaban de la policía en la zanja del parque la tía Encarna, Camila [1] y las otras travestis que trabajaban en una de las zona rojas de la ciudad de Córdoba, se encontraron a un bebé abandonado y, sabiendo que solo podían confiarse entre ellas un suceso como ese, decidieron no decir nada y llevárselo a la casa pintada de rosa. Allí hicieron un pacto de sangre: nunca revelarían la existencia de El brillo de los ojos (ese es el nombre del bebé) y esta acción de cortarse el dedo y unirlos tiene gran significado sabiendo que el VIH rondaba muy cerca de sus vidas.


Otra noche, cuando eran casi las cuatro de la mañana Camila y Angie estaban luchando por sus vidas, porque sus agresores se enfadaron tras un reclamo por parte de ellas, luego de que estos se negaron a pagar la tarifa pactada al darse cuenta de que eran travestis. El enfado de esos hombres no nace simplemente del reclamo sino por lo que ellas son. Hay gente que le da escozor y rabia que a las mujeres que en su voz o nariz se les delate “ese secreto” y por eso, las niegan, las discriminan y las matan. En ese momento, la tía Encarna y otras abrieron las puertas del carro y después de unos cuantos esfuerzos lograron salvarlas.


Es así, como esas noches y El brillo de los ojos dan paso a lo que representaría lo que ilumina en esta novela: la amistad. Las diferentes historias que escribe Camila Sosa Villada entorno a la tía encarna, el bebé y las otras travestis son imágenes de una comunidad que uno como lector lo encuentra muy cercano a un hogar. Y eso es lo que me gustaría resaltar de este viaje al mundo de Las malas.


La tía Encarna, dueña de la casa rosada, cuidaba y protegía como a sus hijas a las muchas que laboraban en el parque Sarmiento. La prostitución se convirtió en el único destino posible para ellas, porque para un barón que se vestía de mujer solo era posible ser prostituta o aparecer muerta en una zanja, así recuerda Camila la sentencia de su padre. Mientras vas leyendo los recuerdos de Camila encuentras que el camino que se recorre cuando se habita un cuerpo trans suele ser solitario, pues es dejar atrás a la familia, el pueblo y los amigos. Por eso se vuelven valiosísimas las amistades entre las travas, Camila descubre lo que es una fiesta de navidad cuando una de ellas las invita a todas a pasar un 24 de diciembre en su casa. Y así, aquella casa rosada fue el centro de las celebraciones como el bautizo del bebé, las sanaciones cuando llegaban golpeadas por la policía o sus parejas o los rituales parecidos a los de un chamán liderados por La Machi Travesti. O simplemente el espacio para hablar, reír, tomar mate e intercambiar ropa o trucos de belleza.


Así mismo, la aparición de El brillo de los ojos revela la posibilidad de algo que se le niega a una mujer trans: la maternidad. Se nos dice a las mujeres que una como madre debe hacer lo que sea por el bienestar de un hijx. Por eso, cuando los vecinos empezaron atacar la tía Encarna, porque se especulaba que el pequeño había sido robado, ella dejó de travestirse y se dejó crecer la barba, para protegerse, junto su pequeño. Estos pintaban las paredes con insultos, lanzaban excremento y hasta una vez intentaron prenderle fuego. El rechazo e insultos de los vecinos hizo que las travestis abandonaran la casa o dejaran de visitarla por miedo. Además, los dirigentes de la ciudad de Córdoba decidieron iluminar el parque Sarmiento para acabar con la prostitución, la luz como opuesta de la oscuridad fue suficiente para que todas huyeran de ahí como cucarachas, pues así las veía la gente, así lo expresó Camila y así fueron desapareciendo.


Un día, después de mucho tiempo sin volver, Camila regresa donde la tía Encarna, allí estaban varias travestis y encontraron una escena dolorosa, la casa pintada de rosa, aquella que fue un hogar estaba invadida de policías, bomberos y espectadores que impiden el paso, al entrar vieron dos cuerpos inconscientes encima de una cama. La tía Encarna se suicidó con su hijo, dejando la llave de gas abierta, ambos quedaron recostados viéndose cara a cara. La Machi hace un ritual a honor de los muertos y juntas caminan hacia el parque cantando para que la tía Encarna y El brillo de los ojos ingresen al cielo de las travestis.


Así termina Las Malas, esta novela maravillosa que narra momentos de infancia, de lucha, aceptación y olvido, y lleva al lector a sentir el dolor, la rabia, valentía y hasta felicidad en los que transita Camila al recordar a las travestis, a sus amigas. Porque al final este libro es un tributo a ellas, es su forma de retribuir lo que hicieron por ella y de pedir perdón por olvidarlas. Además, es un libro que estaba haciendo falta en la literatura latinoamericana actual para dar un inicio a la reflexión sobre las representaciones que se han hecho de las mujeres trans en la literatura o en el cine, resaltando que, especialmente en la literatura, son muy pocas; y de la misma manera, resignificar estas representaciones.



1. Esta novela es de autoficción y, por lo tanto, cuando me refiero solamente a Camila es al personaje no a la autora.

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