¿QUÉ HACER EN CASO DE INCENDIO?

Por Alex Trujillo Giraldo//





Burlando el sentido común, por lo irreal que parece el hambre y la miseria como argumento para algunos, un grupo de vendedores ambulantes y habitantes de un caserío salieron detrás de un camión lleno de gasolina accidentado y con riesgo de prenderse fuego. La tragedia en Tasajera, Magdalena pone al límite el realismo mágico del drama humano que somos como país.


La explosión del camión que dejó una decena de muertos, pasará como una nota de color en la siempre anecdótica historia caribeña del noticiero del mediodía. Sumándose a otras igual de trágicas como las violaciones del ejército, los asesinatos de líderes sociales o escándalos como la “ñeñepolítica”, que en otros países valdrían como verdaderos leitmotiv para un cambio social y político.


Hace unas semanas, las calles de EE.UU. ardieron al grito de #BlackLivesMatter, por el abuso policial y asesinato racista de George Floyd, provocando que departamentos de policía de diversas ciudades fueran renovados completamente o sus presupuestos reducidos.


Por el contrario, en nuestro país no encontramos que las pequeñas chispas o fuegos que emergen sean el preámbulo de una llamarada más grande. En esta situación de pandemia se complejiza salir a la calle, evidentemente, pero la pregunta sería ¿Cuál es el límite del confinamiento?


No sabemos si los eufemismos para degradar la gravedad de las cosas y permitir que la vida siga, o la sobreabundancia de infortunios, hagan de esta tierra un lugar particularmente difícil para el estallido social. No es algo que sea propio por las medidas frente a la pandemia, nuestra indiferencia es endémica.


Hace pocos días, fueron las chicas trans quienes valientemente nos convocaron a las calles de Bogotá y otras ciudades por la muerte de Alejandra “Monocuco”, víctima de negligencia médica y discriminación de un cuerpo de paramédicos que se negó a auxiliarla.


También, en días pasados grupos de feministas e indígenas realizaron manifestaciones frente a cuarteles militares de varias partes del país, por la violación de una menor a manos de soldados.


En ambos casos, las interseccionalidades de clase, etnia y género son muy evidentes. Pero frente a la tragedia de Tasajera, se puede perder de vista que en nuestras costas la pobreza es profundamente racializada. Esta situación leída desde la corporalidad y los dispositivos discursivos, nos puede dar otras claves de interpretación.


Ya que hablamos de una región, donde ciertos cuerpos y vidas importan más que otras a razón del racismo estructural y el abandono estatal. Durante los años 2010 y 2011, una ola invernal afectó la vida de 3 millones de personas drásticamente en la Costa Norte del país, pero la economía nacional creció más de un 4% Ver noticia.


Como también creció mientras millones de nuestros compatriotas eran expulsados de sus tierras por grupos armados en los peores años del conflicto interno.


Es decir, son tan marcadas nuestras marginalidades que la economía puede “prescindir” de la vida de muchos de nosotros y nosotras. Esa economía, que en lo estructural no ha cambiado nada, es la que nos piden preservar por encima de las consecuencias sanitarias de la pandemia del Covid-19.


¿Cuál será el límite? ¿Acaso nuestros derechos están en cuarentena?¿Cuándo veremos nuevamente el fuego inundar nuestras calles? Y si llega aquel momento ¿Qué hacer en caso de incendio?

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