Poemas por Stephanie Liévano


El 25 de marzo, Stephanie Liévano asistió al performance "El Oasis" del colectivo Houe of Tupamaras, que se realizó en un recorrido por la Av. Caracas de Bogotá, y que hizo parte del Festival de las Artes Valientes. De ese día, de su vivencia escribió los siguientes poemas:


Instagram: @houseoftupamaras


Escrito por: Stephanie Liévano //




Profundidad oceánica


En el inmenso oasis de Santafé,

las esculturas azules se mueven al vaivén de las calles tambaleantes,

movidas por el sudor, transforman con estupor de sensaciones,

Inquietantes y temblorosas.


Llenan las tierras indómitas con sus ojos grandes y perplejos,

invadidos por los transeúntes.

Un oasis, de caras cambiantes, desquebrajas por lo ausente,

innovan con circuitos precisos y sonoros, al vaivén de la onda

que limita el más desesperado llamado.

Cuerpos sudorosos de ansiedad, euforia,

trascendiendo en lo más indómito de la tierra.


En la profundidad de la vibración, los beat aumentan

Cada cuerpo desplegado de sonoridad,

da comienzo a un encuentro de sensibilidad, de apego

y miradas seductoras.




Corales mediterráneos


Cuerpos estilizados transportados por los arrecifes corales,

llamados a las sonoridades de cajas explosivas, el estupor se siente

y la bruma desdibuja las caras tambaleantes movidas por el vaivén acuático.

Como cobra, dirigida a su presa va en un camino sin mirar atrás,

resplandece erguida de seguridad ante la multitud.


Abre espacios curvilíneos para dejar ver sus más

inesperados movimientos, seguidos por palpitaciones acelerados,

un beat de 160, que invade los corales mediterráneos.


Constantes al beat, emprenden el viaje para descender

a la profundidad de cuerpos azules, caras penetrables

y movimientos alterados por la gravedad.




Toxicidad mundana


Navegante levanta vuelo, soplo resonante renovador,

gritos, gemidos, y sonsonetes permean en el viajero. Un viajero,

que alza vuelo al son de sus cenizas consumidoras del fénix, esparcidas

Para dar movimientos desenfrenados.


Llamados al desenfreno, la caricia y la serenidad,

exóticos se revuelven como peces, se penetran entre ellos,

despliegan el aroma de la toxicidad mundana.


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