Poemas por Miguel Aquino

Actualizado: nov 9






* Miguel Aquino nace el 1° de marzo de 1994 en San Salvador (El Salvador), es bibliotecólogo y estudiante activo de Biblioteconomía y Gestión de la Información.


Es amante de la gestión cultural y el voluntariado. Sus escritos han sido publicados en la revista Dialogando con el gato (2020), la antología poética: Heterodisidencia (2019) y en algunos otros medios digitales.



PULSE (ORLANDO)


Mi corazón como tambor,

a mil retumbos por hora está.

Tomo mi celular para distraerme,

disimular un poco el nerviosismo.

Mi respiración es muy acelerada,

trato de controlarla,

pero no puedo disimular.

Estoy consciente de que esto

no saldrá muy bien.

Observo a mi alrededor,

y estoy solo, no hay nadie conmigo,

con nosotros.

Escucho ambulancias

y me ponen más nervioso,

no sé qué va a pasar,

no sé qué va a pasar.

Hay gente corriendo por todo el lugar,

me quedo con los ojos nublados,

mi corazón se acelera más.

Trato de calmarme, pero no puedo.

Escucho tres disparos,

¡uno! ¡dos! tres!

Se quedan como eco

en el lugar vacío donde estoy.

Me doy la vuelta,

y caigo en el piso,

siento caliente mi espalda,

mi cabeza,

no siento mis piernas,

ya no escucho nada,

ya no veo nada.

¡Perdónalos! vida y muerte,

porque ellos no saben lo que hacen.


AROMA


Considero ineficiente

tener una nariz minúscula.

Ya que no puede entrar en esos arcos andaluces

Y poder percibir los manjares del deseo.

Tal vez, el uso que le doy no es

lo más moralmente correcto posible.

Creo que es por los cabellos

Aterciopelados

que entrelazan

historias prohibidas.

Pero esos aromas mañaneros.

Despiertan en mí,

una sensibilidad infinitamente

inquieta a manjares lujuriosos.

Que me mueven la mente,

a veces, hasta mueven la mar.

Que termina.

En un desierto antártico,

lleno de Blanca Nieve.


MADE OF LOVE


Me levante pensando,

Que ya no quería lápiz azul en mis mañanas.

Solo deseaba amores que perduraran,

En perpetua ligereza,

Como el cuarzo y las perlas.

Que no marcáramos líneas,

En las que le debíamos de explicar al mundo,

De cuanto es el amor entre dos.

Y que cesaran esas preguntas,

De que si yo me sentía como

Rubí y tú como zafiro.

Para mí,

Hoy,

Esas preguntas ya son extrañas,

Casi desérticas, donde no tienen significado,

Donde el mar se las ha llevado

En sueños, sin amaneceres.


EL PRIMER CANTO


Promiscuos,

pronunciaban mi nombre,

Esos seres cantores como urracas,

Solo sollozaban mi corazón,

Para saber cuán bajo podía llegar

Mi triste desnudes.

Ellos sabían mi dolor,

Y las tormentas de histeria que cargaba,

Pero estas,

No paraban de ser granizo.

Yo pedía a la santa tierra,

Me llevará danzante,

a un manjar de vida eterna sepulcral,

Donde se pregonarán cantos de pájaros,

Colibríes rojizos,

que llenarán de miel,

Mi insensato botón de flor.

Pero los vientos,

Desearon un destino más perpetuo,

Que mi marchita flor,

Fuera corrompida por Antiguos blasfemos,

Que dan el primer canto.


CENSURA


Conocí en la vida, caminos que no llevaban a nada

Y caminos que me dejaban histeria.

Vomite el falo,

De malacates, convertidos en santos

Que se reproducían como mala hierba.

Sentencie mis palmadas,

Por deseos pasajeros,

Y le juré al pozo sin fondo,

Multitudes de espermas para vivir.

ronde por calles amarillas,

Con saltos en zapatos de cristal,

Que se fueron quebrando,

Con cada paso que daba.

Y me resigné,

Dejé vivir la tierra que crecía,

Y entre más crecía,

Más eréctil se sentía.

Y así,

Conocí la censura,

La misma homofobia fue capaz de desgastarme,

En un lugar que soñé,

era el país de las maravillas.

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