• Redacción

NO SOMOS INDIFERENTES


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PERIÓDICA no puede ser ajena a lo que sucede. El conflicto armado interno en Colombia no ha terminado. Continúa, no en el fondo sino a vista de todxs, porque el conflicto social que lo alimenta sigue con la constante segregación y exclusión de poblaciones, territorios y sectores sociales muy concretos, casi que eternamente víctimas de un sistema capitalista, premoderno y patriarcal que gobierna al país, que ha conducido a esta matanza que hoy continua tras, al menos, seis décadas sin resolver.


Aunque en 2016 logramos uno de los Acuerdos de Paz más significativos para Colombia y el mundo, buscando el final del conflicto armado interno vigente más antiguo en el planeta, cuatro años después las poblaciones y regiones que históricamente han sido el escenario de este conflicto armado siguen poniendo su territorio, y especialmente sus cuerpos, para alimentar las muertes que dejan las confrontaciones por el control territorial.


Ese control territorial no tiene otros objetivos que posibilitar los monocultivos para producir bienes que han traído más violencia y pobreza que el supuesto progreso. Como la caña de azúcar en el Cauca y Valle del Cauca, y todo el control territorial para mantener los cultivos de uso ilícito en esas mismas regiones, aunque supuestamente sea el mismo establecimiento quien busca acabarlo, logrando muy poco en su guerra de casi medio siglo que lo que en serio trae es disputas armadas de décadas.


En PERIÓDICA no podemos ser indiferentes a esta macabra continuación de la guerra. Además, porque comprendemos que los cuerpos sobre los cuales se ensañó esta violencia durante los últimos 11 días no son cualquiera. Son precisamente corporalidades que hacen parte de los territorios que en gran medida han sido foco del destierro, del abuso de autoridad estatal y la conminación de las fuerzas armadas oficiales con las paramilitares y otros grupos para mantener actividades agroindustriales (casi feudales) y un contubernio entre las clases políticas tradicionales y actores armados para sostener y favorecerse de muchas formas las estructuras narcotraficantes.


Fue Cali, Valle del Cauca; Corinto y Tambo en Cauca; Samaniego, Ricaurte y Tumaco en Nariño. Fue Caracol en Arauca. Cuatro departamentos, tres de ellos en el pacífico colombiano, en el suroccidente del país. La pregunta es: ¿quiénes son las personas asesinadas? La mayoría son jóvenes, incluso, menores de edad, como Luis Fernando, Léider, Jormar Jean, Álvaro José y Jair Andrés Cortés Castro, los cinco jóvenes asesinados el 12 de agosto de entre 13 y 17 años en Llano Verde, en Cali, con el cual empezó esta cruenta escalada, curiosamente muy cercana a la orden de detención preventiva hecha efectiva contra Álvaro Uribe Vélez el 4 de agosto por la Corte Suprema de Justicia, vinculado a los delitos de manipulación de testigos y fraude procesal.


Al día siguiente, el 13 de agosto, dos indígenas en Corinto, Cauca, cayeron muertos en protestas por defensa de la tierra en esta zona cuando el Ejército les disparó de forma indiscriminada. Abelardo Liz, comunicador de una emisora de la nación Nasa, y Johel Rivera, líder comunal, fueron las víctimas, esta vez de armas oficiales. Así que no han sido siempre inciertos o ilegales los victimarios.

El 15 de agosto, dos días después, ocho estudiantes universitarios fueron blanco de sicarios que llegaron a disparar a quemarropa en una fiesta donde 40 jóvenes de la zona departían en una finca en la vereda Santa Catalina de Samaniego, Nariño. Fueron Bayron Patino, Brayan Cuarán, Laura Melo, Elien Benavídez, Rubén Ibarra, Sebastián Quintero, Óscar Obando y Daniel Vargas las víctimas, con edades entre 19 y 25 años.


El 18 de agosto, de nuevo víctimas indígenas. Esta vez tres miembros del resguardo Pialambí Pueblo Viejo. A ese día ya íbamos por 18 las víctimas masacradas.


EL 21 de agosto fue el día de mayor horror, y no sólo porque las víctimas sean simples números que se suman o se restan como pretende hacerlo ver el presidente Iván Duque. Ese viernes fueron 11 personas las asesinadas: cinco en Caracol, Arauca (la única de esta masacre cometida fuera de Valle del Cauca, Nariño y Cauca). Civiles asesinados que, según la Defensoría del Pueblo, son producto de la presencia y confrontación del ELN y disidencias de FARC, actores que manteniéndose en el intento masculinizante e impositivo de la guerra perpetúan este conflicto.


Las otras personas asesinadas el 21 de agosto fueron de nuevo en el departamento del Cauca, en el Tambo. Seis campesinos que descansaban en una tienda tras la jornada de trabajo fueron llevados a la fuerza y posteriormente horas después encontrados asesinados en un matorral, “en un reguero muy feo”, como dice quien graba el video que se viralizó en redes sociales.


Pero como si 11 asesinatos en un día fueran poco, en menos de 24 horas se sumaron más, cuando el 22 de agosto, seis personas campesinas fueron sacadas una por una de sus casas, llevadas a la fuerza y luego encontradas muertas en un matorral de la zona. Era un campesino de 50 años, cuatro jóvenes de entre 22 y 23 años y un menor de edad de 17 años. Con éste, que es el más reciente hecho, son en total 35 personas asesinadas.


No son coincidencias las similitudes entre los lugares y los cuerpos sobre los cuales se ensañó la violencia de estos días, un capítulo más del conflicto armado colombiano. Sin duda, las corporalidades disidentes y marginadas por el sistema patriarcal y capitalista, presentes en territorios azotados por la expiación y el despojo son los lugares del conflicto que hoy, tras un proceso de paz que no ha sido exitoso en su implementación sigue poniendo muertes y escenarios de guerra.


No son coincidencias, más cuando la indolencia del actual presidente lo lleva a simplemente ofrecer centros que nadie conoce del ICBF o adecuar estadios, además de levantar el puño de forma desafiante ante la población indignada en Samaniego al inicio de la meliflua y vacía visita que el mandatario hizo ayer al municipio. Por eso, estas muertes no son circunstanciales. Ante esto, no podemos ser indiferentes en PERIÓDICA.

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