“Mientras persista la desaparición el duelo sigue sin cerrarse”

Entrevista a Jenny Toro Salas sobre su libro Asimetría de Fuerzas - Por Tatiana Pino




Jenny nació en 1989 en la ciudad de Medellín, creció en Pereira y vivió por 10 años en Buenos Aires, Argentina. Hablamos sobre ella y sobre su libro Asimetría de Fuerzas donde recopila gran parte de su producción artística y performática de los últimos 8 años. Este libro da cuenta de la poderosa potencia creativa de Jenny que permite al lector profundizar sobre el resultado reflexivo de cómo sus acciones artísticas están atravesadas y afectadas por los conflictos políticos y sociales de Colombia y también por su experiencia de habitancia migrante y nómada.


  • ¿En qué momento decidiste reunir todo tu trabajo artístico en un libro? ¿Y cómo surgió la construcción de Asimetría de Fuerzas?


La publicación de Asimetría de fuerzas es el resultado de varios años de investigación y trabajo artístico. Siendo estudiante de artes visuales en la Universidad Nacional de las Artes en Argentina, decidí que mi tesis de grado era la oportunidad para profundizar un aspecto muy opaco de mi memoria personal y familiar que está íntimamente ligada con el conflicto político armado en Colombia. Fue muy revelador en un punto descubrir como un afecto grabado en el cuerpo -y en su dimensión emocional-, tiene tantas implicaciones políticas e históricas. Decidí profundizar en esas huellas y en ese camino fue necesario revisar la historia de la insurgencia y los movimientos sociales y populares de las últimas décadas, así como su relación con la represión y la desaparición forzada; para tratar de entender los procesos de disciplinamiento que sufre el cuerpo como un sujeto histórico y el conjunto de la sociedad, entendido como un cuerpo colectivo; ambos afectados por múltiples violencias estructurales, físicas y simbólicas, un traumatismo que compartimos incluso de forma inconsciente, atravesado por conflicto político-armado en Colombia.


Fue un proceso muy lento y difícil, porque se develaron muchas emociones muy complejas que tuve que tramitar sola, el performance de alguna forma fue el vehículo para procesar muchas cosas, pero a la vez el trabajo de memoria consistió en descubrirme víctima indirecta de la desaparición forzada y tratar de salir de ese círculo de victimización me tomó varios años. Entré en una paradoja en la que intentaba sanar una herida y al mismo tiempo la reabria en el mismo proceso. Entendí que mientras persista la desaparición el duelo sigue sin cerrarse. Aun así pude concluir el documento, después de rumiar hasta el hartazgo mi propio relato, la urgencia de graduarme me empujó a finalizar la tesis. Se la compartí a algunas personas y fue mi amiga -y ahora mi editora- Juliana Goméz Nieto, quien me instó a publicarla, pues según ella el texto invita a una discusión que de alguna forma sigue siendo necesaria en Colombia. Si bien siento que el libro en lugar de cerrar un ciclo, abre muchos otros e instala nuevas preguntas, siento que fue fundamental materializarlo, por el mismo hecho de que su objetivo es tratar de asir la inmaterialidad y lo irrepresentable de dicha ausencia irreparable.

  • ¿De dónde surge tu obra?


Nace la incomodidad y los resquemores, de la necesidad de analizar la falla para tratar de repararla. Antes de empezar esta investigación venía trabajando en performance, mi metodología ha sido tratar de escuchar y seguir los impulsos del cuerpo y del inconsciente, a través del performance ir interpretando esos signos que emergen, y al tiempo, ir registrando y archivando esos gestos, por medio de fotografías y videos o a veces consignados en escritura, bordados y tatuajes. Ha sido un proceso de reflexionar desde el cuerpo, permitiendo que este hable, en ese sentido el mismo camino me ha llevado a desarchivar dichas memorias del cuerpo e integrarlas en mi investigación.




  • ¿La elección por la técnica de performance tuvo que ver con tu devenir migrante?


Absolutamente. En primer lugar, el hecho de que para mi la migración en determinado momento estuvo marcada por una precariedad que se convirtió en potencia. Puntualmente la necesidad de estar moviendome, cambiando continuamente de casa, me hizo convertirme en una artista sin taller, casi nómada. Cuando descubrí el performance o el arte de acción me resonó mucho porque me permitió crear con lo que tuviera a mano y porque el performance plantea como base una profunda interrelación entre el arte y la vida. Segundo creo que las particularidades de la cultura argentina, movilizaron determinadas inquietudes en mi, como por ejemplo el tema de la memoria histórica, la importancia que tiene el psicoanálisis y otros enfoques terapéuticos en esa sociedad. Así como el enorme trabajo que se ha hecho en relación al reconocimiento de la desaparición forzada como un asunto profundamente político, es una discusión muy instalada en la sociedad argentina, que sin darme cuenta también se fue instalando en mi. Por otro lado fue fundamental tener la posibilidad de encontrar una disciplina como la danza butoh, y entrenar con maestros y maestras argentinas o japoneses que pasarón por Buenos Aires.

  • ¿Cuál ha sido la obra/acción que más te ha conmovido o movilizado en términos personales?


Hambre fue una performance que realicé en 2014 durante la residencia “De la Memoria y la Poética - Cuerpo Performático y Artivismo en Colombia” en Peras del Olmo, una galería de Buenos Aires especializada en performance. En está residencia convocada por la artista pereirana Malena Gutierrez, dialogué y conviví unos días con ella, que estaba trabajando con víctimas del conflicto armado en Colombia, y con Alfonso Zuluaga y Elena Martín Franco, ambos también tocados de diversas maneras por el conflicto colombiano. Yo llevaba seis años en Buenos Aires y sentía mucho desarraigo, no me veía reflejada en una identidad nacional. Pero esa residencia me hizo preguntarme por mis raíces y mi relación con el territorio natal, esto me obligó a rememorar, a pensar en mi infancia y en la historia familiar. Coincidencialmente estaba en un momento de mucho ayuno por razones económicas, que me situaba en una sensibilidad muy particular. Fue en ese contexto que descubrí el tema de la investigación que desarrollé en Asimetría de fuerzas. Pero no fue un proceso racional sino una catarsis, un rompimiento; como dice Deleuze “Cuando es difícil pensarlo hay que intentar vivirlo”. El punto es que una hora antes de la performance estaba completamente atacada en llanto, y no entendía muy bien de dónde venía tanto dolor, estaba como tomada por una cascada incontenible. Algo estaba pasando a través de mí, un afecto antes que un entendimiento. Por suerte estaba acompañada de las personas indicadas, Claudia Rodríguez Rincón y Tzitzi Barrantes con su hija Miel, entre ellas tres logré estabilizarme y disponerme para la acción; la cual tuvo muchos elementos de improvisación, los gestos iban emergiendo, yo escuchaba al cuerpo y me dejaba guiar, en ese sentido era observadora de mis propios actos e intérprete de esos sentidos que estaban emergiendo. También recuerdo que las performance de Malena, Alfonso y Elena me movilizaron mucho, creo que entre todas estábamos integrando diversos elementos que de alguna forma se articularon en un relato colectivo.


  • ¿Consideras que toda acción artística debe ser política?


En un sentido estricto creo que todo gesto es político, en los detalles más mínimos estamos tomando una posición. Incluso cuando intentamos desmarcarnos de un discurso abiertamente político, porque todo acto genera efectos o afectos, al tiempo que se encuadra en determinados paradigmas, valida o no determinados relatos o versiones de la realidad.


En términos artísticos creo que el principio que guía la producción es la absoluta libertad para crear, en ese sentido creo que el arte no debe tener un deber específico, sino que está guiado por un impulso interno. Esto es lo que Kandinsky denomina el principio de necesidad interior de la obra. Aun así en lo personal las obras que más me conmueven (sobre todo en el arte contemporáneo) son aquellas que nos interpelan como sujetos históricos y políticos, las que transgreden la estética clásica, la cual ha pretendido separar el arte de su función social, en ese sentido el arte ha sido históricamente un instrumento de las clases dominantes, por eso me resultan tan interesantes las obras y las artistas o incluso movimientos sociales y políticos, que se re-apropian de los instrumentos que fueron cooptados por las clases dominantes, para subvertir, alterar el plano de las ideas y generar efectos/afectos, preguntas y discusiones en el ámbito colectivo.


  • ¿Crees que al manejar varias técnicas plásticas puedes llegar a distintos tipos de lectores/espectadores?


Personalmente me siento un poco distante de la pregunta por la recepción de la obra. Un factor sumamente importante del arte es la comunicación, la interacción con lo otro, pero en mi proceso creativo, la pregunta por la recepción de la obra está situada al final del proceso. Las técnicas que uso surgen precisamente de ese principio de necesidad interior que mencioné antes, en primer lugar busco ser leal al sentido de la obra y los medios que uso son los que tengo a mano. Creo que producir algo como si nadie fuera a verlo, da mayor libertad al proceso creativo, pues sustrae la preocupación por el juicio ajeno, considero que esto le da una cierta solidez a la estructura interna de la obra. Aunque al momento de exhibir o publicar es inevitable pensar en cómo va a ser recibido, considero que es un estadio más refinado de la producción y aún me siento un poco nueva en eso. Por otro lado creo que no uso técnicas tan variadas como podría.


  • ¿Qué temas de creación o investigación se vienen para tí?


Llevo un tiempo viviendo en la ruralidad, y mis últimos trabajos están situados desde ahí, hacen parte de una serie de acciones por medio de las cuales busco construirme un cuerpo resiliente, capaz de sobreponerse al peso de la memoria. Me he estado preguntando por la relación del cuerpo con el territorio. Cada vez está más presente el paisaje como un estado de contemplación. Han surgido algunas inquietudes en relación a las labores y herramientas del campo, particularmente con la acción de cavar y los múltiples usos de la pala. Han surgido algunas reflexiones en torno a la importancia del olvido, pues la memoria perpetua es una pesada carga, entonces el olvido es necesario. El olvido al que apelo no es uno que niega o reprime el pasado, sino más bien uno que ya ha pasado por el trabajo de la memoria y la ha integrado de forma orgánica. Aun así siento que el trabajo de memoria continúa y ahora me encuentro con la Fundación Hasta Encontrarlos, en el proceso de búsqueda de mi tío desaparecido, el cual supongo que también será un proceso largo. Espero que alcancemos a exhumar y restituir la identidad de su cuerpo. Paralelamente estoy trabajando en un proyecto de reforestación en la vereda donde vivo y se vienen algunos proyectos con artistas mujeres y diversidades del eje cafetero.

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