Mi cama de lesbiana, mi revolución









Escrito por: Alejandra Lozada*



Cuatro paredes que parecen aprisionar mis emociones y expresiones. Cuatro paredes y una mesa en la que me siento a escribir día tras día lo que veo por la ventana. Cuatro paredes, una mesa y las plantas que me observan sin decir una palabra. Cuatro paredes y una cama que de vez en vez se llenan con su presencia excitante y sus curvas maravillosas. Una cama que solamente toma sentido cuando viene ella y revuelca las sabanas haciendo estremecer mi cuerpo.


Una cama que a veces se queda quieta, aunque las dos estemos sobre ella, porque en mi mente hay angustia, hambre de conocimiento y otras veinte situaciones halándome hacia múltiples lugares de mi alma, de mi pensamiento, de mi espacio, etc.


Quizá ella crea que no la amo.


La cama está muy silenciosa desde hace un tiempo, son pocas sus visitas y su ausencia la convierte nuevamente en un objeto más de la habitación. Un objeto desde el cual observo y describo el mundo con palabras. Pasamos de desearnos 24/7 a este reinado de quietudes inquietantes.


¿Quién se inventaría que el amor es acostarse, desnudarse y gemir? ¿Quién lo ve aún así?


He cuestionado el amor un millón de veces, pero los últimos diez años se ha convertido en mi lugar de lucha. Un amor que preconcebimos como un hecho eterno que casi nadie tiene acceso ¿Cómo se ama para siempre?


Incluso con mi madre he tenido mil rupturas y nos hemos pedido tiempo.


Sé que este hecho del amor y cómo definirlo le atormenta a ella, y mientras me siento a su lado en esta cama de revoluciones, le hablo de no monopolizar nuestras emociones y sé que, ella está asumiendo en silencio que intento dejarla.


Este aislamiento me ha puesto en los ojos mis antiguos cuestionamientos del amor, en la posibilidad de conocer otras personas (o por lo menos permitírnoslo), nunca como un hecho egoísta de mi mera experiencia sino de una motivación que crece entre las dos. Me ha revelado el reconocimiento de otres tipos de amor, de normalizar el amor entre amigues, de deconstruir ese tipo de amor que debe ser 100% sexual o de ver otras formas de hacer el amor.


Ella me mira en silencio, diciéndome con sus ojos, sé que no me amas, quieres otras chicas, y yo le repito que no. Ni siquiera tengo una candidata que me atraiga, solo lo hago como ejercicio de abrir las puertas, de romper con nuestras formas de relacionarnos de manera capitalista. Como un maldito escape a la monogamia obligatoria. Pero no quiero lastimarla, no quiero ser la causante de sus desdichas, tampoco quiero alejarla.


Que tiempos tan difíciles para hablar de libertad, que momento menos oportuno para hablar de mis cuatro paredes que son la metáfora de mi propio encierro y que momento menos oportuno para hablar de mis cuatro paredes y una cama que quisiera llenar de gemidos y manos arrasantes, con rostros delicados, piernas temblorosas, amasijos de carne y un sinfín de expresiones femeninas. Que momento para darme a la tarea de motivar el poliamor, cuando ya nadie quiere acercarse a otre, a menos de tres pasos, y que representa desde el cuerpo estar mutilados en el habla.


Nos han mutilado el deseo con las ideas del amor romántico, nos han mutilado seriamente a las mujeres con este concepto, pero lo que para mí son claridades para ella son interrogantes. Yo no quiero dejarla sola, quiero caminar con ella todas esas incertidumbres. El patriarcado se nos ha metido entre las sabanas y nos ha obligado a asumir una única visión del universo. Nos ha obligado a concebir el amor, el sexo, los celos y la infelicidad; como un conjunto, sin permitirnos fugas. Si hay fugas “desaparece” el amor.


¡PUTO PATRIARCADO! Nos has calado hasta los huesos con tus conceptos de mierda.


Nos hemos encontrado varias veces entre estas cuatro paredes, sobre esta misma cama, hablando de múltiples formas de amar para comenzar a deconstruir lo que creemos inamovible. Dialogar sobre esta cama es, otra forma de amarse sin tener que coger. Una cama se convierte en una revolución cuando sacas al patriarcado de ahí, cuando sacudes y lo botas a la basura, y cuando le quemas con la pasión de lo que no está permitido. Una simple cama se puede convertir en un sin fin de luchas cuando dos (o tres, o cuatro) mujeres se aman, porque están sacando al patriarcado de donde se supone debe estar.


Sacudimos bien fuerte las sábanas cada día. En mi cama nunca ha reinado un hombre. Desde mi cama se gesta una lucha por amar a cuantas se quieran. Sí, todas son mujeres, porque no deseo malgastar mi energía en cosas que no lo valen. Ahora repasando el aislamiento me he dado cuenta que, desde la habitación y la cama se conspira contra la monogamia cis-hetero patriarcal en todos sus frentes. Visualizo cada lucha desde mi fortaleza, cuestionó las formas en las que amamos y nos revolcamos con ella en estas sabanas que desconocen un poder que no venga de una mujer.


Hace tiempo, las lesbianas descabezamos al patriarcado, le quitamos el poder que se han asignado a sí mismos los machos. Las lesbianas revolucionamos el mundo desde nuestra elección. Revoluciona desde tus cuatro paredes, desde tu cama y tus sábanas; revoluciona tu vida, no creas todo lo que te han dicho. Cuestiona y libera el alma, nos enseñaron a tenerla aprisionada entre creencias que se inventaron para hacerte sentir sola.


* Alejandra Lozada, es Licenciada en Artes Escénicas de la Universidad Pedagógica Nacional.

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