Margoth, un amor en Bogotá


Por: Tatiana Rojas //



“La noche nos hacía de fondo y la cama de escenario”



Chapinero: un lugar entre la fantasía y la seca realidad, entre calles ahuecadas y árboles perfectamente alineados, entre casas culturales y residencias familiares, entre el frío de las oficinas y el calor de los bares… en fin, un lugar para las historias y la libertad. Y bajo este contexto, David D´Grannda, narra una historia contemporánea basada en hechos reales, una historia de esas en las que “fácilmente [se] podría caer en la trampa de creer que son vana ficción”, pero que, aún así, ocurren día a día gracias a las aventuras de los que no temen al amor; de esto se trata “Margoth, un amor en Bogotá”.


Desde el inicio, el lector prevé la sinceridad y pasión que gobiernan las letras de quien escribe, sabe que está a punto de transitar por los recuerdos de un amante que ha declarado lo siguiente:


¡Ay, si llegaran a sentir el verdadero latido de un corazón enamorado, no dudarían un solo instante de que el azul del cielo se vuelve más rojo que el de unos labios y que la ausencia de las caricias del ser amado nos vuelven peor que un crucificado!


Y así, se inicia la recapitulación de una relación entre dos hombres tan diferentes como complementarios; pese a la diferencia de edad, los contextos, las vivencias y las responsabilidades, estos dos personajes han logrado conectar en la más sincera experiencia de vida: un amor libre.


La lectura avanza entre los días que, a modo de diario, van describiendo las situaciones a las que se ve enfrentado el personaje narrador, un sujeto tan apasionado como indiferente, su dualidad mantiene la tensión narrativa entre “picos ascendentes y descendentes”. En ocasiones, fiel a sus principios, puede exaltarse con una simple visita a una librería y, luego, puede mantenerse completamente impasible en una noche de sexo intenso, dejando tras el acto solo una marca en la pared. No obstante, es ese “otro”, ese único “él”, quien logra explotar un carrusel de emociones sin freno, por él sería capaz de hacer cosas nunca imaginadas: no se trata de extravagancias o ilegalidades, por el contrario, se trata de la humanidad y respeto.


Por supuesto, no todo es perfecta armonía y en las eternas calles de la ciudad todo puede suceder, a veces el oscuro gris latente en Bogotá se refleja en quienes recorren el asfalto y la insensatez, la necedad, la arbitrariedad, el conservadurismo, entre muchas otras “razones”, cumplen injustamente su cometido. De este modo, esta novela pone en tela de juicio un sinfín de preceptos, algunos ya normalizados, sobre nuestras formas de relacionarnos, no solo en pareja, sino en comunidad, en sociedad.


Sin intención de comentar más de lo necesario, la invitación a seguir la historia de un amor gay en Bogotá queda abierta, no solo para que reflexionar sobre las nimiedades no tan nimiedades del diario vivir, sino para rebatir la intensidad con la que vivimos a diario. Recuerden que “Margoth, un amor en Bogotá” se encuentra disponible internet y, además, tiene una adaptación a teatro que se presentará en el Festival Internacional de Cine de Pasto.


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