LOS MACHOS DE VERDAD SIEMPRE COMEN CARNE

Actualizado: jul 8

Por Juan Camilo Rivera López//

Desde que era muy pequeño, sentí que las carnes y los productos animales no eran para mí. En el colegio, me escondía la carne del almuerzo en los bolsillos para que permitiera levantarme de la mesa y poder jugar con mis compañerxs. Tuve la fortuna de encontrar el apoyo en mis padres, quienes nunca vieron en ese vegetarianismo espontáneo nada malo. Incluso, nos divertimos creando recetas con mi madre que hoy en día son muy famosas entre nuestros amigos y familiares.


Sin embargo, hay una reflexión que he tenido durante mucho tiempo. ¿Existe alguna relación entre ser vegano y ser marica? ¿Es menos acercado a la idea tradicional de “hombre” quien decide dejarse llevar por esa sensibilidad frente a la vida de otras especies? ¿Está relacionado con el autocuidado y eso es una labor que nuestro género no puede tener? ¿Qué tiene que ver mi alimentación con mi “hombría”?


Existe un prejuicio construido sobre la idea de que el “hombre” es el proveedor del hogar, y por tanto, el encargado de salir a la selva a cazar y traer carne para poner en la mesa. Sin embargo, estamos lejos de esa realidad y hoy en día los hogares tienen una composición tan compleja que pensar que el hombre es el único encargado de traer alimentos al hogar es un error. Las limitaciones económicas, las capacidades culinarias, el gusto y la sensibilidad de cada persona hacen que sea imposible tejer un puente argumentativo sólido entre la alimentación y la obligación de comer carne.


Otro tema que siempre ha dado vueltas en este tema es la percepción de autocuidado que parece incomodar a quienes se alimentan con animales. Los hombres hemos vivido empujados en una burbuja en la que cuidarnos nos vuelve maricas. Preocuparnos y ser sensibles por nosotrxs o por los demás nos hace menos hombres. El problema en este argumento es que no hay nada de malo en el autocuidado, lo malo está en el imaginario patriarcal en el que cuidarse a unx o a alguien más es una labor otorgada históricamente a las personas mujeres y los cuerpos feminizados de la sociedad, personas que para estos imaginarios son inferiores.


Por último, para cerrar esta reflexión quería resaltar un argumento que para mi tiene un peso muy importante dentro de mi decisión de no alimentarse con animales. El paramilitarismo en Colombia ha sido alimentado principalmente por la industria ganadera del país. Éstos no solamente se han apropiado de tierras y han deforestado hectáreas del país, sino que a su vez han auspiciado la conformación de grupos armados paramilitares.


En 2018, la Corte Suprema de Justicia condenó por financiación y vínculos con las AUC al ex presidente de Fedegan Jorge Anibal Visbal (ver noticia). Esto, sumado a los preocupantes testimonios brindados por los jefes paramilitares Salvatore Mancuso y Don Berna, quienes señalaban que se reunían con Visbal “porque él tenía una afinidad ideológica con ellos” y por tanto era una fuente de financiación constante.


Este último argumento fortaleció mi posición contra la industria de carnes, pero no desde la ética por los animales (que también juega un papel fundamental para mi) sino desde un rechazo a las estructuras paramilitares que atormentaron y atormentan muchos de los territorios en Colombia. Mi posición contra el consumo animal y la industrialización no es una postura solamente desde la ética y la moral, es una posición política contra los sistemas opresivos de violencia que siguen gobernando, hoy escudados en una ideología de derecha que encuentra en ejércitos privados el mecanismo para cuidar su propiedad por encima de la vida.


En conclusión, mi orientación o identidad de género poco o nada tienen que ver con mi decisión de alimentarse sin asesinar animales y rechazar esta industria. Considero que ni mi “hombría” ni la de nadie está definida por comer carnes. El autocuidado no está relacionado con el veganismo porque sin dar muchas vueltas uno puede alimentarse mal comiendo carne o no comiéndola. El cambio es interno y corresponde a una serie de reflexiones que cada unx debe hacer en su intimidad para tener un proceso sano, sin prejuicios y sin odios.


No soy menos “hombre” por no comer animales, no soy menos macho por preferir una ensalada ni soy un marica por preocuparme por cuidar mi alimentación. Mi orientación y mi identidad son harina de otro costal.


*Fotografía de Juan Sebastían García. @atumuta

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