Los interlocutores no-válidos (II)

Parte II - A quienes se les arrebata la palabra


Por Lina Cabrera //


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Escribí, en la primera entrega, que Aristóteles decía que solo los ciudadanos podían poseer el lenguaje de forma racional. Una lectura interesante que hace Rancière, un francés que he leído mucho últimamente, dice que el hacer es lo que precisamente construye nuestra habilidad y sensibilidad ante determinados temas, por tanto, toda actividad que hagamos nos construye políticamente. Eso quiere decir que todo lo que hacemos nos lleva y nos pone en lugares que compartimos con otros seres humanos, con los cuales podemos formar nuestro criterio, nuestra sensibilidad y nuestro pensamiento.


Esto, por definición, hace que existan humanos muy diferentes según los espacios que habitan y que comparten con otros. Así, cuando la señora María René va ante el juez, con toda su historia de vida a cuestas, con sus manos trabajadas, con sus arrugas, con su piel, con su blusa, y dice con la mirada rota: “Quiero irme”, no es porque no tenga razón, es por que sabe que el lugar donde está es ajeno a sus formas, a sus saberes, a sus lógicas, ella siente que no conoce el sistema y que, aunque su abogada la trate de tranquilizar, está ante una barrera mucho más grande que su argumento. En el caso de Javier, abogado, podría haber hecho y desecho a los policías en un juicio, seguramente les habría podido recitar el código civil, el de policía, los derechos humanos, la constitución. No habría valido de nada y no valió nada tener toda la articulación y el conocimiento de las formas de la nación para poder librarse de la fuerza. Javier Ordoñez no pudo mediar palabra. Dos colombianos construidos políticamente de forma tan diferente se encontraron con dos formas de represión estatales, igualmente diferentes.


Ellos, un bogotano y una chocoana, uno estudiado y otra solo habiendo cursado hasta tercero de primaria, estaban en total desventaja, su palabra había sido captada incluso antes de que encontraran a sus adversarios. No es lo mismo ser mujer negra del Chocó que hombre blanco de Bogotá, como no es lo mismo ser rico o pobre en Barcelona o Bogotá, como no es lo mismo ser homosexual, bisexual, heterosexual o queer en Múnich o en Moscú. Todas las circunstancias sociales que rodearon a esta mujer y a este hombre son una cadena de eventos conectados, que han hecho que ella haya tenido que huir de una sala de un juicio y que él haya sido asesinado en un CAI.


Cada cosa pudo pasar porque hay sistemas que se perpetúan y que hacen que sea mucho más probable que las mujeres negras como María René, no tengan acceso a la educación o que no la continúen y, por tanto, se sientan en desventaja y vulnerables frente a sistemas que desconocen, no porque su inteligencia y su capacidad sean menores, ni sus argumentos inválidos, sino porque todo su ser ha sido construido desde la desigualdad y el racismo. Ordoñez, por otro lado, siendo hombre, blanco, de clase media, fue asesinado por policías, sus privilegios, aunque fuesen pocos, no le salvaron de la muerte. Fue un accidente de fuerza desmedida dice la defensa, y podría parecer, pero la historia de abusos policiales que precede este acontecimiento, devela más un acto sistemático que un hecho aislado.


¿Por qué la policía asesina? ¿Por qué un hombre uniformado puede asesinar y uno que no lo tenga no? ¿Por qué se juzga diferente? La discusión ética de la autoridad se ha tratado mucho mejor y más profundamente de lo que unas líneas puedan expresar: Webber, Marx, Engels, Rousseau, Maquiavelo, Marcuse y cómo no Foucault, entre otros tantos, tienen escritos y ensayos sobre este problema. Los anarquistas, los socialistas, los liberales, los capitalistas, los trumpistas, los uribistas, incluso los fajardistas, todos tienen una forma de entender la ética, la moral, la ley, la autoridad y en últimas el poder. En cualquier caso, todos hemos sido enseñados (amaestrados) para obedecer, por el miedo o por la razón. De poco sirve esta reflexión, Javier está muerto y no hay Voltaire que valga, la policía mata porque puede.


La sensibilidad de todos los humanos está construida por los sistemas que nos preceden, por las historias que desconocemos y las que conocemos. La posibilidad de interactuar con los demás humanos, de conocer y navegar los sistemas que habitamos, de tener las actitudes esperadas dentro de los contextos que habitamos y, luego, de entender y superar nuestras barreras, no solo es una cuestión de voluntad, es una cuestión de contexto, por eso es tan difícil deconstruirse, porque es muy difícil entender y enfrentar el contexto que nos abraza, sobre todo porque este es violento, despiadado y siempre busca mantenerse con la fuerza de la inercia.


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