LA SALUD EN LUCHA ¿QUÉ PASA CON ESTE DERECHO FUNDAMENTAL?

Actualizado: jun 20

Por David Mayordomo Tavera //


La salud, derecho fundamental. Al menos así está consagrado en Colombia. Pero, como dice la crítica al derecho liberal, la brecha entre la garantía formal (lo establecido normativamente) y la garantía y goce real (que en la práctica ese derecho formalmente declarado se hoce y ejerza) es abismal. Por eso cuestionamos ¿es la Salud un derecho fundamental en términos reales y prácticos? ¿Está protegido para cualquier corporalidad, sin importar si es una mujer trans o cis, o si es un hombre hetero o gay, si tiene una discapacidad o vive con VIH? ¿Es un derecho en igualdad de garantía para todes?


Decían que el Paro Nacional se motivó con “mentiras y fake news”, aseveraciones provenientes de los mismos que con mentiras hablaban de la imposición de la “ideología de género”. Pero, ¿era una “mentira” defender que, no sólo en términos formales sino reales y prácticos, se garantice este derecho fundamental para todes, además, si somos disidentes de la corporalidad hegemónica, por ejemplo, por ser trans, maricas, lesbianas o bi?


En la Agenda Nacional del Paro, paquete de 104 puntos propuesto por el Comité Nacional del Paro, se incluye (podría decirse, escuetamente) el problema de la no garantía del derecho fundamental a la Salud. Con un Pacto social y político por el derecho fundamental a la salud, universal, gratuito, de calidad y sin barreras, esta Agenda considera la necesidad promover los derechos sexuales y reproductivos, desde la educación sexual, con temas como la obligación del Estado colombiano a garantizar programas de prevención y atención al VIH, además de la prevención de las violencias obstétrica y ginecobstetras, temas interesantes pero que, aunque “innovadores” en el pliego de peticiones de un Paro, parece más la excusa para no hablar del IVE. Es muy cuestionable que aunque se hable en la Agenda de la promoción de “autonomía de la mujer”- el aborto legal, seguro, libre y gratuito no se incluya.


El derecho a la Salud no es igual para cualquiera. Ya se sabe que si se es hombre o mujer, hay distancias. Pero de ahí, para un hombre gay, (como yo, por ejemplo, que por vivir con VIH, aunque recibo tratamiento es sólo si pago mensualmente los aportes a Seguridad Social) no es igual que cualquier mujer u hombre, presumiblemente heteros. Y tampoco es igual para el gay que para una mujer trans, y ni hablar si es un hombre trans. La garantía en la práctica del derecho se constituye en un perverso degradé; que consiste, parece ser, en el aumento o disminución de su garantía según la corporalidad de quien busque su goce. Ese degradé no depende, además, sólo del régimen sexo/genérico. También la condición material y de clase, lo étnico y las diferentes intersecciones que nos definan y construyan como cuerpo, parece que determinan lo intenso o difuso del “color” que nos corresponde en goce del derecho a la Salud.


Justo cuando no es sólo el Paro Nacional el denunciante de las carencias prácticas de este derecho, sino que la emergencia provocada por la declarada pandemia del COVID19 lo resalta enormemente; cuando parece ser que las nuevas formas de control, además a nivel global, están cercanas con la medicalización y el higienismo ¿cómo vamos con la garantía práctica del derecho a la Salud? ¿Cómo (en medio de esta pandemia) juega ese degrade que planteamos perversamente se configura? ¿Cómo el Covid19, o la también pandemia del VIH, o las luchas del Paro Nacional, dejan en evidencia la desigualdad en la garantía de derechos, en este caso, a la salud? Dejamos esas preguntas.

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