La literatura Rosa en Colombia

Por DAVID D’GRANNDA


La literatura es una de las formas más eficaces para hacer revolución. La narrativa, desde sus comienzos, ha ignorado nacionalidades, razas, culturas, credos y géneros. En cuanto nos adentramos en los enredados caminos de la hipertextualidad, comprendemos que unos elementos están unidos con otros y que algunos lo hacen con todos. Como nos lo formula Platón, en su propuesta del Symploké.


Sin embargo, la literatura se cataloga y se fragmenta en partes que facilitan su estudio y afinidad. Todas estas partes son como los pétalos de la misma rosa. En este enorme abanico de posibilidades, nos encontramos con un sub-género narrativo, al que hoy por hoy hemos llamado literatura Rosa, con ‘R’ mayúscula, para distinguirla de la narrativa rosa de la época moderna, enfocada en las relaciones amorosas con finales edulcorados. Literatura Rosa dedicada a exponer por lo menos un personaje o elemento narrativo que haga parte o represente a la comunidad LGBTI. Condición esta última inexorable para que haga parte de este segmento literario.


En Colombia, la literatura Rosa tuvo que abrirse caminos en medio de la crítica, el prejuicio y la censura. Muestra de ello fue el exilio que sufrió nuestro escritor José María Vargas Vila, a quien la iglesia católica, junto a la mano acusadora del conservatismo, le prohibió la publicación y reproducción de sus obras, por “obscenas y explícitas” . Cuántas jóvenes adolescentes no fueron castigadas al ser encontradas, debajo de la cama e iluminadas por una veladora, leyendo las páginas “demoníacas” de su Ibis, mientras sus dedos acariciaban sus pechos. El listado de autores Rosa pasa por el poeta bogotano José Asunción Silva, el antioqueño Porfirio Barba Jacob o Ricardo Arenales (como me gusta recordarlo), amante de la dama de los cabellos ardientes, única mujer en su vida que pudo conocer la humedad de sus labios. En la actualidad, encontramos al polémico Fernando Vallejo, con su voz y estilo peculiar.



Pero la literatura Rosa en Colombia no solo es un compendio historiográfico de autores y obras. Es rebelión, grito en alto. Es desgarramiento. A través de ella muchos autores podemos mostrar la realidad de nuestra comunidad dentro de una sociedad enferma como en la que vivimos. El elemento característico de esta narrativa es la libertad, no sólo en cuanto a su tema que de por sí busca alas, sino en el estilo. Para nosotros no existen reglas gramaticales ni lingüísticas. Y si existen, las ‘mariquiamos’.


La literatura Rosa es una antorcha que ha ido creciendo. Las facultades hablan en nuestro tiempo de la propuesta poética de Safo y del teatro de Wilde, como si fuera una narrativa más dentro del canon universal. ¡No! Las letras Rosas ponen resistencia por sí mismas, rompiendo con categorías y conceptos que buscan oprimirlas y sesgarlas. Es que este tipo de narrativa es de por sí una contracorriente, una oposición a los estilos y las formas.


No conozco palabras más libres que estas, ni versos más coloridos que los que brotan de estos escritores. Cada que se lee una obra de literatura Rosa, al terminar, se nos vuela de las manos.


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