• Redacción

INDEPENDIENTES

Actualizado: jul 20

Por: Brian Alvarado


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Melancolía por Fernando Botero


“La historia siempre la escriben los vencedores”, dicen por ahí. Y sí, es un lugar común, pero es tal vez de las pocas verdades universales en las cuales nos hemos puesto de acuerdo como humanidad. Somos un resultado (oficial) de ganadores, pero a la vez de perdedores. No es que ellos y ellas no estén en la historia, pero su lugar es marginal, su papel en ella es la de los despojos de lo que pudo ser y no fue. Malo o bueno, eso son.


La historia de las independencias latinoamericanas está plagada de héroes (hombres en casi su totalidad) que nos “dieron la libertad”. Durante años hemos celebrado el 20 de julio y el 7 agosto de la misma manera y durante mucho tiempo ha sido incuestionable la forma en que se cuenta. Sólo hasta hace muy poco voces críticas han surgido o han logrado hacerse escuchar con fuerza. Voces que, por ejemplo, reivindican el papel que las mujeres tuvieron en los procesos de liberación de los españoles y la construcción de las débiles naciones que tenemos hoy.


Todo esto me hace preguntar sobre el papel de las personas homosexuales (o maricas, como mejor les parezca ser nombradas) en la historia. O mejor dicho, ¿por qué están invisibilizadas en la historias de gestas heroicas? Una respuesta que merece mayor elaboración que decir simplemente, aunque sea verdad, que se debe al sistema patriarcal y heteronormativo de nuestra sociedad y culturas occidentales.


El papel de las voces que contradicen esas versiones oficiales no sólo debe ser el de la crítica, sino también el de la reivindicación de quienes han sido invisibilizados o han sido blanqueados o heterosexualizados. Tenemos que dar nuestro grito de independencia de esas historias heroicas en las que no nos vemos reflejados o nos sentimos incómodas e incómodos.


¿Y saben por qué es importante eso? Porque detrás de nosotros y nosotras vienen miles de niños y niñas que crecerán creyendo que el ideal de macho libertador es el único modelo a seguir, es el único que logra un papel destacado en la historia y las mujeres, por ejemplo, sólo son mencionadas porque son la amantes o esposa del libertador. Debemos dejar de conformarnos con historias minoritarias de Policarpas y Manuelitas. Atrás, en los recovecos de la historia hay miles de personas esperando a ser sacadas a la luz, hay historias de personajes ya conocidos que esperan liberación de los relatos hegemónicos. Hay un Sabio Caldas y un Humboldt homosexuales con historias de amor, represión y frustraciones que esperan independizarse de sus clósets.


Este 20 de julio y próximo 7 de agosto, pensemos en los miles de hombres y mujeres que hicieron parte de esos procesos revolucionarios y a los cuales se les ha despojado de cualquier posibilidad de narrar sus vidas; personas famosas y anónimas.


Y no se trata de reivindicarles como lesbianas o gays, porque la gente es mucho más que su orientación sexual, sino de poner de presente que los ideales de hombres y mujeres que constantemente nos venden son falsos. Que los bustos de hombres viriles y todopoderosos erigidos en las plazas y calles de nuestras ciudades y pueblos no son más que una construcción errónea o manipulada.


Levantemos bustos y estatuas que develen la vulnerabilidad de los héroes y heroínas, quizá así podemos empezar a independizarnos de la heteronorma y el machismo aún presentes en estas fechas patrias.


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