ESPACIO PÚBLICO EN LA CIUDAD ¿PARA QUIÉNES?


Por: Natalia Giraldo Castro//



Resulta fundamental empezar a reflexionar sobre lo que entendemos por privado y público. Aunque a veces se asocia el espacio público con aquellos lugares abiertos o exteriores en los que podemos estar, acá se hace referencia al acceso y disfrute que cualquier persona podría tener de ellos.


En este orden de ideas, el sentido de lo público lo relacionamos con la diversidad de experiencias y percepciones para asegurar que nadie se vea excluide de poder usar tranquilamente su entorno. A continuación, la idea es poner en cuestión la categoría de espacio público que ha sido trabajada en diferentes disciplinas y en muchos ámbitos de la vida.


En el reporte técnico de indicadores del espacio público del DADEP (Departamento Administrativo de la Defensoría del Espacio Público) realizó en el 2017, el espacio público se considera un “dinamizador de la ciudad y un elemento que da soporte a los diferentes procesos y dinámicas del espacio urbano. La estructura ambiental, los parques, las zonas verdes, las calles, las ciclorutas, hacen parte de esta estructura que soporta la movilidad, la recreación, el deporte y servicios ecosistémicos que son de vital importancia para la ciudad y el bienestar de sus habitantes.”.


Según esta definición, el espacio público contribuye a generar diferentes tipos de relaciones y dinámicas en el espacio, además de contribuir al bienestar. No obstante, cada espacio de esta ciudad está atravesado por criterios clasistas, racistas, hetero-sexistas y capacitistas que definen el acceso y la permanencia en diferentes lugares de la ciudad.


La gran mayoría de ciudades no están diseñadas para pensar en la tranquilidad de todas las personas que las habitamos, sus espacios son inseguros, oscuros, su diseño no es adecuado para aquellas con capacidades diversas, con movilidad reducida o de la tercera edad.


Además, diariamente las mujeres somos acosadas en las calles, sufrimos múltiples violencias y debido a la triple jornada laboral, la mayoría de las veces no contamos con el tiempo libre para poder disfrutar y apropiarnos de espacios públicos.


Lo público no solamente puede hacer referencia al lugar donde se puede estar o transitar, la idea de lo público debería atender a generar diversos usos de un espacio y la capacidad de apropiación del entorno.


En la mayoría de ocasiones tan sólo transitamos, pasamos de largo en la ciudad, ni nos fijamos que nos rodea, así como tampoco existen muchos espacios en los que podamos sentarnos y detenernos a conversar tranquilamente.


Muchas de las actividades que desarrollamos en la vida para socializar e interactuar con otres se realizan en espacios destinados específicamente para ello, en su gran mayoría estos espacios son cerrados, privados o tienen requisitos específicos para el ingreso.


A su vez, gran parte del territorio de las ciudades están destinados para vehículos, nuestras ciudades están atravesadas por grandes vías y en los grandes andenes por los que sólo transitamos no podemos establecer ningún tipo de actividad además de caminar, esperar transporte o mirar vitrinas.


También podríamos mencionar que existen reglas sociales, implícitas o explícitas, en los parques públicos o áreas verdes, que terminan dictando quiénes puede estar allí y en qué horarios.


Si pensamos bajo criterios de clase presentes en las ciudades, basta analizar las reglas establecidas en parques de barrios clase alta, en los que una persona habitante de calle no dudaría más de 5 minutos.


Por otro lado, en muchos barrios de clase baja ni siquiera se cuenta con infraestructura destinada a espacios para la socialización o bienestar de quienes los habitan.


Aunque muchos espacios en la ciudad sean considerados públicos, no todas las personas podemos acceder a ellos y ni siquiera nos sentimos seguras o cómodas para permanecer allí.


Las ciudades son un reflejo de sus problemáticas sociales, las personas que tienen identidades disidentes y orientaciones diversas se ven violentadas en gran parte del territorio de la ciudad, se enfrentan a variadas formas de discriminación y exclusión que precisamente impiden que puedan apropiarse de los espacios.


Entonces, muchas personas al ser violentadas de manera sistemática prefieren estar en espacios conocidos y que se han identificado como seguros. En este sentido, ningún espacio resulta siendo realmente público, es más una idea ficticia, porque lo público en últimas no resulta siendo para todes realmente.

Gran cantidad de personas no usamos de manera efectiva nuestro entorno, no se nos permite bien sea por un diseño urbanístico excluyente o porque muchos cuerpos que se salen de las expectativas sociales viven múltiples violencias, lo que genera emociones negativas que limitan la apropiación y goce de la ciudad, siendo así vulnerado el derecho al bienestar y a la participación.


Un espacio por más que sea abierto no es público, mucho menos si se establecen dinámicas que controlan y determinan qué personas pueden disfrutarlo. Si el espacio es público, ¿para quiénes lo es?


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