“EL PARO ES PRODUCTO DEL ACUERDO”

Actualizado: jun 20


Por Juan Camilo Rivera López y David Mayordomo Tavera //


Sandra Ramírez, Senadora de la República del partido Farc, habla de su historia de vida como mujer en la guerrilla, de la importancia del Acuerdo de Paz y del Paro Nacional. La mirada de una mujer excombatiente.


Periódica: ¿Qué implicó ser mujer en la guerrilla?


Sandra Ramírez: Fue lo mejor que nos pasó a las mujeres farianas: una alternativa de vida para jóvenes campesinos. El Estado no tiene políticas para la juventud, especialmente en el campo. Este abandono originó el conflicto armado que, 50 años después, sigue vivo. Allí, las mujeres tenemos roles definidos, expresión violenta del machismo y el patriarcado. Sufrimos golpes y violencia diariamente. No tenemos quién nos apoye o escuche. Nos golpea el marido porque visitamos a una vecina sin “pedirle permiso”… En la guerrilla fuimos combatientes en igualdad de deberes y derechos, exigiéndosenos soñar con un país diferente, empoderadas de nuestro cuerpo.


P: ¿Éstos fueron móviles para ingresar?


SR: Claro. Con 16 años me pregunté ¿quiero la misma vida de mi mamá? ¿Quiero ser la que mandan mis hermanos? No. Con 13 años, peleaba porque mi hermanito, de 12 años, siendo menor, podía ir al mercado y yo no. Con todas las facultades y capacidades, no podía ir por ser mujer. Lo hacía mi hermano, por ser hombre. Eso fue una revelación para mí.


P: Dices que en FARC se igualaban los roles de hombres y mujeres ¿cómo fue esta experiencia?


SR: Maravillosa. No llegué sólo a cocinar o a lavar ropa; no tenía rol determinado. Era diferente. Hacíamos los trabajos involucrando hombres y mujeres. La guerrilla fue un espacio donde elegía y me elegían por mis capacidades. De cierto modo tuvimos feminismo. No teoría, la guerra lo impide. Aunque tuvimos espacios de respeto a nuestras opiniones y nuestro voto. No ocupamos lugares de mando, aunque sí lo hicimos en la base guerrillera. Nuestras tropas, conformadas por 50 o 100 hombres, necesitaron especialidades, teniendo aproximadamente 32, sin las cuales un ejército no vive. En todas estuvimos las mujeres… Teníamos una biblioteca virtual, (muestra un libro hecho en el monte), necesitando quién editara, diseñara...


Tuvimos dirección política en las células o escuadras, figura base de la estructura militar y del partido. En sus reuniones, los comandantes perdían automáticamente su mando, ampliando la democracia directa, aminorada por los rigores de la estructura militar. Allí mandaba el secretariado de célula, conformado especialmente por mujeres. Al terminar, al comandante se le reestablecía su mando. Allí debatíamos temas como el abuso o acoso contra compañeras y temas del diario vivir.


El 95% en FARC éramos campesinos. Imposible no tener machismo. Cuando le exaltaban las capacidades a una compañera para ser comandante, muchas decían: “A mí no me gusta mandar…”. Estaba instalada la cultura de que el hombre manda y da las órdenes. Aunque teníamos mecanismos para contrarrestarlo. Educación, por ejemplo… O, planificación familiar.... Porque o se es guerrillera o se es mamá, las dos no. Yo tuve mis hijos (pero) al no criarlos, yo no soy su mamá, algo muy frecuente. Por eso dignificamos en la mujer guerrillera parir hijos. Muchas compañeras prefirieron irse con sus hijos, terminando en la cárcel muchas.


P: Con las disidencias sexuales y de género ¿cómo sucedía?


SR: Reconocemos que no permitimos la diversidad. Tuvimos el caso de un muchacho que luego nos dolió mucho. Muy disciplinado. El día que nos dimos cuenta que él era de la diversidad le dijimos "no, aquí no"... (Porque era un hombre gay). Tenemos cargo de conciencia. Él era recto en todo, sólo que era de la diversidad... No estábamos como guerrilla preparados. La concebíamos como sólo de hombres y mujeres. Cuando él salió (dijimos), "qué pesar, se fue". Después lo mataron… eso nos pesó mucho.


P: ¿Consideran que faltó formación?


SR: Claro, faltó abrirnos más a la sociedad. Al llegar acá (a la reintegración) quien me sensibiliza y me generan curiosidad de ver, de toca, de preguntarles… fue Regino (su asesor de prensa)... Quizá en la ciudad tuvimos (milicianos) que sí percibieron la diversidad... Yo estuve 35 años en la guerrilla y sólo salí dos veces a la ciudad. Me la pasé en montañas, selvas, potreros y fincas, sólo con hombres y mujeres. Pensaba que la diversidad era algo lejano, tenía una tara para verlos.


El Acuerdo de Paz


P: ¿Qué significó el Acuerdo de Paz?


SR: Para los farianos que vivimos la guerra, viendo morir muchos compañeros... Esto me remueve el sentimiento, perdónenme (llora)… Para mujeres y madres que dieron sus hijos y no podemos darles respuesta dónde están… Porque para nosotros es sagrada la familia y por eso no cambiamos el nombre… Es sanar el duelo, no sólo de guerrilleros, sino de soldados, de mamitas de soldados con quienes me he reunido, que fueron a la guerra y no volvieron… Para esta parte del partido, que está firmemente comprometida con el Acuerdo, manteniendo el compromiso de buscar la verdad, es lo mejor que le ha pasado a Colombia. Permitió encontrarnos con los dolores por sanar. Es la mejor obra reparadora para las víctimas, con las 16 curules en disputa, la CEV, la JEP, los PDET…


El Acuerdo de Paz permite ver la corrupción y el clientelismo, que nos impide prosperar como nación, con una juventud que deserta (no sé si es la palabra indicada) de las escuelas o no tiene condiciones dignas. Permitió que lo urbano se apersone del campo. Que en la ciudad digan los jóvenes “necesitamos reforma agraria integral. Que por lo menos pensemos una reforma capitalista, eliminando formas que tenemos del feudalismo, como la concentración de tierra. Gracias al Acuerdo estoy sentada con ustedes, con PERIÓDICA. Falta mucho, como impedir que nos sigan matando como a los tres compañeros que justo hoy asesinaron en Chocó, Huila y Putumayo.


P: ¿Qué lectura tienes del enfoque de género en el Acuerdo, pionero mundialmente?


SR: La participación de la mujer no fue algo menor. Llegamos a La Habana sólo dos, pero luego hubo un boom de técnicas y asesoras. Estuvieron Victoria Sandino, Érica Montero, compañera de Medellín, quien conformó la Mesa Técnica… Las compañeras encargadas pensaron una política de género. Un texto, una teoría, una política de género. Muy necesaria, con elementos para argumentar y ampliar la visión de nuestros derechos y trabajo, ya que más de la mitad la población en Colombia es femenina. Aparte, el sector diverso, también inmenso, con reivindicaciones propias. Al incluir el género estábamos ganando. Fue un trabajo de filigrana introducirlo en el Acuerdo, en su forma y contenido, con medidas afirmativas para que los Gobiernos los consideren, en un CONPES o una política pública.


P: ¿Este enfoque es producto de las luchas femeninas en la guerrilla?


SR: Claro. No sólo reflejó el proceso de las mujeres farianas sino los avances en procesos sociales de las mujeres y la diversidad. Recogimos esos insumos y los plasmamos en el Acuerdo. Después del Plebiscito se renegoció este tema. No disgustó, pero sabíamos que aquí hay una derecha fuerte, conservadora y moralista que, además con la Iglesia, hizo una campaña con la mal llamada Ideología de género.


El Paro Nacional


P: ¿Cuál es tu balance del Paro Nacional?


SR: El Paro es producto del Acuerdo, permitiendo que la gente salga a la calle. El Acuerdo está dentro de la Constitución, convirtiéndolo en herramienta de lucha legal, para todo el mundo: estudiantes, profesores, docentes, etc. Si bien no incluimos la educación, la minería y otros temas, eso fue lo que logramos. En una negociación forcejean dos visiones adversas de país. Es lo que logramos para arrancar. El 21N manifestó inconformidad, no sólo a la guerra. También por la defensa de la vida, la paz y los DDHH. Contra 'El paquetazo Duque de las políticas neoliberales'. Vienen más movilizaciones para lograr transformaciones y reivindicaciones ante el Gobierno. Así será ahora: con los pueblos haciendo transformaciones en la calle, unidos, coordinado y cohesionados. Estuvimos en la guerra 53 años, yo me gasté 35, pero no fueron perdidos. Los sintetizo en el Acuerdo. Pero aún faltan más transformaciones, incluido el Gobierno.


P: ¿El Paro es parte de la lucha que libraron como guerrilla?


SR: Esto continúa. Sólo que cambiamos: dejamos la lucha armada y pasamos a la lucha política y social. En las calles, con la gente, luchando por una sociedad justa y equitativa.


P: ¿Hiciste parte del cacerolazo hecho en la Plenaria del Senado en diciembre? Amenazaron con sanciones...


SR: (Saca una cacerola con el símbolo del partido FARC). Fue la manifestación espontánea de la gente, expresión de que "la cacerola está vacía". No hay huevos que ponerle. Si una persona se gana el mínimo, no vive. Su cacerolita está vacía. La cargo en la mochila porque es un símbolo de mucha inconformidad.


P: ¿Cómo ves las luchas de la disidencia sexual y de género en el Paro?


SR: Las apoyo. Me satisface ver diversidad y género. Mujeres, género, juventud… quienes se manifiestan en la calle, sin miedo que algo malo pase.


P: ¿Qué opinas del debate actual sobre la IVE?


SR: Estoy de acuerdo. Valoro el fallo (de 2006) como adelanto en nuestros derechos sexuales. En nuestro cuerpo y como dueñas de nuestro territorio. No puedo darle mis ovarios a la Iglesia, a la justicia o a quienes se creen dueños de las mujeres... Mis ovarios son míos y yo decido por ellos.

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