• Redacción

De la introspectiva a la realidad: las reflexiones de una “negra” más


Por Eloisa Clavijo Hurtado


Siempre he sido una mujer callada y disciplinada, nunca me ha gustado ir en contra del orden social. Esto pensaba hasta hace poco. Sin embargo, después de mucho participar en distintos espacios sororos importantes y del proceso de militancia afrocolombiano, negro, raizal y palanquero, e intentar deconstruirme a partir de los conocimientos aprehendidos. He venido logrando una problematización constante sobre la experiencia de mi cuerpo racializado en los lugares donde me muevo, al ser mujer y ser de un lugar de procedencia distinta al de la mayoría, y así, comprender la alteridad que estas condiciones producen.


Ser una mujer, autoreconocida como negra, pueblerina, pero además crespa y de tez “clara” no es nada fácil. Estas condiciones tienen sentido de acuerdo al espacio en el que me encuentre, algunos dirían que, es un privilegio ser negra, pero de “tez clara”, y tener “buen pelo” crespo. No obstante, en un contexto mestizo, en el cual me críe, resulta problemático y estigmatizante, porque siempre serás la “negrita,” la del pelo no tan bonito, porque todas a tu alrededor tienen el pelo liso - es curioso cómo la forma de tu cabello también evoca pensamientos discriminantes- desde todo lugar posible que se estructura con las narrativas y creencias de las personas, determinantes en el significante de la palabra. Afortunadamente, soy esa negra que se ama y se quiere, porque el amor propio siempre está presente en mi casa.


Sin embargo, el amor propio se sigue viendo trastocado, no me alcanza aún para romper el silencio, me ahogan todas las palabras que se quedan en mí en cada espacio de participación académico y cotidiano. Las dos razones por las que mi participación sigue siendo limitada, por barreras que yo misma me he impuesto, pero que no son para nada gratuitas; son las siguientes: la primera, el temor porque mi opinión no sea tenida en cuenta, dado a que no tengo el mismo “nivel de socialización” que las personas de ciudades grandes. La segunda, el temor por el compromiso que pueda generar con mis comentarios y que de alguna manera involucre a toda mi comunidad negra, es decir, que si llego a decir algo “errado” desde los blanco-mestizos se piense que todas las negras y negros pensamos igual.


Ahora bien, mi experiencia no se agota allí, resulta que en el contexto negro, mi color de piel sigue siendo un determinante fuerte de identidad, en ocasiones para sentirme enteramente parte de un proceso, de una militancia, aún con el antecedente de mi proceso de socialización, el cual ha estado determinado por un contexto cultural afrodescendiente. En este caso, me da pavor personificar la ignorancia de la experiencia negra, de la alteridad altamente discriminada y estigmatizada en el marco de una estructura social profundamente racista. Es decir, no poder contar desde mi cuerpo racializado, pero “privilegiado”, el ser mujer y las experiencias de las mujeres de mi comunidad. Si bien comprendo las variaciones que trastocan las experiencias según los lugares de enunciación, vilmente heredadas de un proceso colonial, racista, heteropatriarcal, estatocéntrico y androcéntrico, dejó por sentado que mi intención no es usurpar la experiencia de nadie; pero aclaró que, más allá del papel que juegan los rasgos fenotípicos en el mundo social, me considero profundamente negra.


Hasta este punto la sociedad ha dicho y determinado más sobre mí que yo misma. Incluso, la experiencia de mi cuerpo racializado y la experiencia del ser mujer es tan volátil que en una ocasión en la universidad, una persona con un cargo importante se atrevió a burlarse de mí, por decirle que me autoreconocía como negra. Mi pregunta es, alguna vez este tipo de personas después de gesticular y emitir juicios de valor se ha detenido a pensar en las consecuencias de sus actos. Para finalizar, mi intención no es encajar en todos los espacios, por la discusión pareciera que sí, pero no. Sin embargo, en la búsqueda constante de darle voz a mi lugar, cada noche me acuesto y me levanto pensando en lo mismo: si yo como mujer negra y pueblerina no soy autoridad desde la perspectiva de unos cuantos para hablar de las limitaciones de participación a las que me han conllevado estas categorías. Entonces, ¿Cómo puedo contar mi experiencia y representar mi estigma bajo estas mismas categorías?


96 vistas
  • Facebook
  • Twitter
  • Instagram

©2020 por Periódica. Creada con Wix.com