Cuerpos que retumban resistencia por las calles

Por: Stephanie Liévano //


Estas noches han sido largas y llenas de incertidumbre, con una profunda tristeza. Desde la marcha del 28 de abril en contra de la reforma tributaria que planteó el gobierno, comenzó una lucha unida; lo que antes nos había aislado por el virus, se disipó para estar unidos y generar un cambio.

Creo que el estar en las calles luchando por las injusticias que se han generado a través de estos años es necesario para concientizar al gobierno de lo equivocado que está. En las marchas se puede ver la resistencia de los manifestantes y sus luchas por lo justo, estas luchas que nos atañen y afectan a todos los colombianos. Siempre he creído en el arte como un generador de cambios; cuando retumba el sonido de los tambores, las manos que pintan, los cuerpos que transgreden espacios, la música que enaltece al pueblo y sus gritos vociferantes unidos en una sola voz, me hacen recordar pasajes de libros y estribillos de canciones que resuenan en las ciudades, en las calles, hasta en los rincones de cada vereda; historias que quedan en los países para no olvidar lo que se vive y reflexionar que, aunque se está repitiendo, es un momento distinto, una época diferente y un pensamiento que invita a la reflexión.


«Es el cantar de la raza del café,

es el petróleo que hierve entre tus venas,

es tu gente que no quiere más morir,

es un clamor».

Guillermo Calderón



Desde el 24 de abril, hasta el día de hoy, el arte nos ha hecho más fuertes, empoderados, para salir a expresar lo que sentimos y callar a los equivocados. Vemos en las calles multitudes de gente manchadas de color, de frases, de gritos que unen a un pueblo que se alza para liberarse de tanta injusticia acumulada; entre tanta multitud, el arte rocía de fortaleza a los ciudadanos colombianos, sus bailes y sus cantos nos regocijan de clamor para seguir con el cuerpo resistente.



Entre la multitud, el sonido de la guaracha electrónica apareció en forma de eco, visibilizando a tres seres empoderadas, entaconadas y divas, que abrieron camino al ritmo de la guaracha y el Vogue. Esta cultura que surge en Nueva York a mediados de los años 60 y 80 para las personas segregadas que no pertenecían a las grandes élites; en principio se da como manera de imitar a las modelos, ya que las personas trans, gays y negras no eran aceptadas por la sociedad; y de allí repercuten varios géneros como Femme, Old Way, New Way, donde se da la oportunidad de expresar la libertad, pero cuestionando las creencias que están encasilladas frente a algo. Este Vogueo que tiene determinados movimientos concretos da la posibilidad de manifestar ‘ese’ lado femenino. Estas tres chicas demostraron con el movimiento de sus cuerpos, al ritmo de la guaracha, la resistencia de lo que se defiende y se lucha para generar un cambio. A través de sus caminatas invadieron cada espacio de forma pacífica, defendiendo la tranquilidad de las marchas mediante el arte y sin dejarse provocar por las autoridades.



Sin embargo, estas tres chicas ya se tenían como referente, pues meses atrás hicieron un performance en un transmilenio. Habían surgido voces que querían una segunda demostración para que bailaran al ritmo del Vogue, con su baile replantearon esos espacios que han sido violentados de palabra, pensamiento y actuación, dando una mirada del movimiento del cuerpo que puede generar pensamiento y cambiar creencias; no importa la apariencia de cómo se visten o si es divertido el baile, es el trasfondo de lo que se cuenta, la reflexión que nos deja la historia del lenguaje del cuerpo. Un simple escenario que los ciudadanos usamos frecuentemente para desplazarnos, donde NO nos replanteamos lo que significa para cada uno de nosotros un transporte público; estas tres chicas, una vez más, quisieron enviar un mensaje de resistencia con el baile, nos dejaron ver la desigualdad de valores que tenemos frente al prójimo. Es, así, un baile que cuestiona las injusticias por la homofobia, por la discriminación, por el machismo, un discurso que reafirma a una comunidad, a un grupo, que empodera al género femenino, a la mujer maltratada, considerada débil y delicada, y se da a partir del cuerpo para generar el cambio, como ellas lo manifiestan.

Entonces, desde la perspectiva del Vogue, el hecho de usar Transmilenio como escenario, nos demuestra el abuso, la desigualdad, el miedo de habitar un lugar público y las miradas discriminatorias que siente la comunidad LGTBIQ+. Elles nos demuestran con el baile la oportunidad de resignificar los lugares en los que muchos han sido segregados o maltratados por el hecho de apoyar la diversidad y ser libres.




A través de esta desencadenada fuerza que invadió los espacios del Transmilenio con el baile, llegó el día 24 de abril para que se dieran a la tarea de ir por las calles, habitando su espacio como divas empoderadas, alzando su voz con su manifestación artística. Antes de llegar al Palacio de Justicia, las tres vogueras cuentan que querían abrir camino a través del arte, permeando en lo más profundo de los colombianos para poder derribar las barreras del prejuicio y la discriminación; estando allí, en ese camino un poco hostil por tantos estallidos y revueltas, un ángel en la multitud les empujo y, al abrir los ojos, ya estaban entre los policías bailando y revolucionando con la bandera de Colombia, un significativo acto de lucha por el cambio.




Fotos tomadas de: https://www.instagram.com/tv/COQRuucJpsW/





45 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo