ANATOMÍAS DE LA BESTIA



Por Analú Laferal //


El pasado 9 de noviembre de 2019 nos juntamos varias, para invocar una Bestia que galoparía las calles céntricas de Medellín. Reclamamos venganza por tanta guerra contra las que hemos huido históricamente del régimen heterosexual, en medio de este valle imponente. Allí, entre conjuros y consignas, despertamos la fuerza sorora, legada por las abuelas feministas para hacernos temibles ante los que diariamente nos vomitan sus injurias sobre nuestras vidas. Y allí, sin pensarlo, 12 días antes del #21N (ojalá hubieran sido 13) estábamos cabalgando las calles sobre las que se movilizarían los reclamos por la vida digna desde el 21 de noviembre, como si nuestra misión, sin saberlo muy bien, fuera sahumar el tiempo para pronosticar un paro fortalecido, lleno de contras para la Policía y cargado de bendiciones para las marchantes y sus intenciones.


Esa Bestia polimorfa que construimos fue una marcha profundamente política tejida por espiritualidades profanas, emociones profundas y un trepe divino de performance; dándonos la coyuntura perfecta, donde el arte se establecía como puente para cambiar el miedo de bando y permitir así, con sus potentes estéticas, desdoblar los discursos de odio y, de una manera bastante resentida y sonada, devolver el golpe. Mirar desde la yeguada encapuchada, que fuimos a los ojos del violento y ver la angustia y el temor nuestro instalarse allí, justo en medio de su pánico a Satanás, de su recelo por la revuelta y de su desesperación por ver mariquitas, travestis y machorras sin miedo alguno, gritando con impotencia y furia contra una ciudad que clama por vernos muertas y en silencio.


Este acto aberrante y reivindicativo era el resultado de diferentes conjuros que se habían abrazado en medio del dolor y que construimos colectivamente desde varios lugares e intenciones. Esta Bestia, antecesora accidental del galopar de les inconformes del #21N, estaba constituida desde mi perspectiva por tres segmentos, tres intenciones y tres invocaciones que hicieron de su desfile callejero un acto sentido y trascendente.


Segmentos: morfología bestial


La corporalidad de la Bestia tuvo tres partes generales que posibilitaron su conformación total. A continuación, una breve descripción desde atrás, de sus fragmentos vitales.


Su parte final fue una guerrilla sombría del fuego, constituida por sesenta encapuchades, peregrinando al ritmo de las letanías que retumbaron los callejones sórdidos que les sentían pasar. Cada guerrillera del fuego traía por arma un velón negro que, en su llama recordaba las vidas masacradas por la normalización heterosexual, se constituía en un contenedor de la fortaleza y el amor que se desprendió de ese encuentro, dispuesto siempre a recordar la potencia que desbordamos al juntarnos y donde fuera que se prendiera después, sería un amuleto de protección para enfrentar la violenta rutina.


Su parte intermedia se conformó por un grupo de seis vástagas, encadenadas a las penas generadas por este sistema de clasificación genital. Arrastraban las cadenas, dando el ritmo de la venganza en esa procesión de la rabia. Danzantes del dolor, que asumen en sus cuerpas la aflicción de pertenecer a este ordenamiento corporal y que, aún allí, mantenían la caminata como bandera de resistencia y continuidad. Sus cadenas que iban golpeando la ciudad a su paso hacían de la bulla y el estrago una ruidosa consigna.


Finalmente, en su parte delantera, se posaba una cabeza cuadrúpeda con estructura humana y una caminante desnuda. Marchaban amarradas por el cuello, preparando sus cuerpas para encarnar la yegua travesti, consecuencia literal de la unión placentera y eventualmente dolorosa de dos mariquitas rabiosas. Una yegua, que desfragmentada, sahumaba el paso de la Bestia completa, ofrendando todos los sueños y latidos disidentes de la norma sexual que perecieron en ese mismo asfalto algunas lunas atrás.


La corporalidad de la Bestia, desde una perspectiva aérea, se podía apreciar como una hambrienta bandada en V, como un puñal con una punta finita o como una llama oscura volando, agrietando e incendiando cualquier tranquila y hostil noche medellinense. Era como una herida aún caliente, de la cual brotaba la sangre para recordarle al viento y, a quienes lo respiran y que habitar estas estructuras, nos ha dolido en las esquinas de nuestra furiosa existencia. Un cuerpo resentido, pero de luto.


Intenciones: letanías inflamables


La peregrinación de esta Bestia planteó tres intenciones como punto de concentración de la misma: la venganza, la exoneración y la intimidación. Estamos convencidas de que las maneras tradicionales, diplomáticas y tranquilas no nos han servido completamente contra las agresiones. Somos conscientes de que en nuestras vidas han sucedido violencias que hemos tragado y llorado en silencio, queriendo muchas veces salir corriendo y descargar nuestra rabia por la situación. Decidimos recurrir a la venganza desde lo político, emocional, estético y narrativo para exonerar del dolor, o al menos, para hacerlo común y comprender en esa socialización del llanto, que no estamos solas, que somos muchas en este lamento.


La venganza es, entonces, la manera para exonerarnos de las consecuencias nocivas del daño causado (la intimidación). La construcción colectiva, para prevenir más daño. Hemos sido conscientes que el miedo opera en nuestros imaginarios y que, retomando las enseñanzas de las experiencias queer/cuir, transfeministas y disidentes sexuales, decidimos apropiarnos del insulto que nos ofende; para generar miedo desde allí, disfrazándonos de violentas y evidenciando nuestra potencia de agresión, para que, al menos por miedo, no se atrevan a tocarnos, torturarnos o asesinarnos. “Intimidar para sobrevivir”, como una medida desesperada dentro de este contexto que no respeta nuestra respiración.


Fue así que construimos trece letanías con acento a lamento y maldición, que daban forma a esas intenciones, para que no estuvieran entre líneas ni fueran un argumento conceptual indigerible de la misma obra. Para que quedara claro quiénes éramos y por qué estábamos allí, la forma que encontramos para hacer repetitiva e insoportable nuestras intenciones fue decir (una y otra y otra vez) durante la marcha estas letras:



I.

Agrietamos los cimientos del viejo reino del padre.

Somos la bestia, maricas rabiosas cobrando venganza.


II.

Venimos del dolor de las travestis asesinadas y nunca lloradas.

Somos la Bestia, maricas rabiosas cobrando venganza.


III.

Subyacemos desde una orfandad compartida, desde el virus y el pecado.

Somos la Bestia, maricas rabiosas cobrando venganza.


IV.

Nacemos del llanto de nuestras hermanas acosadas en todas las esquinas.

Somos la Bestia, maricas rabiosas cobrando venganza.


V.

Corrompemos el sueño mojado del cura pederasta.

Somos la Bestia, maricas rabiosas cobrando venganza.


VI.

Partimos del miedo de los niños afeminados rumbo a la escuela.

Somos la Bestia, maricas rabiosas cobrando venganza.


VII.

Nacemos del grito de las niñas obligadas a llevar vestido por subvertir la feminidad obligatoria.

Somos la Bestia, maricas rabiosas cobrando venganza.


VIII.

Provocamos la ira de los cuerpos censurados.

Somos la Bestia, maricas rabiosas cobrando venganza.


IX.

Emergemos de la rabia y el dolor de todas las machorras que fueron violadas para intentar corregirlas.

Somos la Bestia, maricas rabiosas cobrando venganza.


X.

Conjuramos el grito ahogado por los brazos asesinos de nuestros amantes verdugos.

Somos la Bestia, maricas rabiosas cobrando venganza.


XI.

Nacemos de la memoria de las maricas que del árbol genealógico su familia borró.

Somos la Bestia, maricas rabiosas cobrando venganza.


XII.

Renacemos de la sangre de las maricas que el VIH se llevó.

Somos la Bestia, maricas rabiosas cobrando venganza.


XIII.

Sellamos con cenizas el dolor de nosotras, las maricas que no han matado.

Somos la Bestia, maricas rabiosas cobrando venganza.


Nunca olvidamos, reencarnamos.


Invocaciones: señales de protección


El recorrido de la Bestia tuvo tres invocaciones durante su desplazamiento, generando una congregación donde se trepaba la yegua travesti, gracias a la danza del dolor de las vástagas, además de la fuerza y cuidado de las encapuchadas. Estas invocaciones plantaron el punto de inicio, el intermedio y el final del recorrido, haciendo una pausa en la caminata para establecer señales de protección.


La primera fue en el Parque Mon & Velarde, un espacio ubicado al lado derecho de la Catedral metropolitana de Medellín, que ha visto pasar desde hace décadas innumerables disidencias sexuales y de género por sus aceras. Se establece justo en el inicio de algunos bares maricones que fueron y han sido punto de encuentro y está en el corredor donde varias chicas trans ofrecen sus servicios sexuales. Allí, despertamos esta peregrinación y trazamos la primera señal de protección que era ante todo un ejercicio de reapropiación de la calle; ese escenario tan hostil, pero tan necesario para vivir.


La segunda señal estaba maldiciendo uno de los íconos más representativos de Medellín. Al pie del edificio Coltejer, sellamos una esquina que enterró al Teatro Junín y que ha visto anochecer los placeres intrépidos y la hipocresía paisa entre sus sombras. Allí, siguiendo los movimientos de las vástagas danzantes, pusimos la rabia necesaria para enfrentar al asesino y no morir en el encuentro.


Como tercera y en un acto de excitación liberadora, terminamos la última señal en la Plazuela de San Ignacio; reclamando desde la orgía, las vidas que se expulsaron y torturaron a causa del discurso católico que se ha empeñado en destruirnos. Celebramos nuestra vida, deshaciéndonos de las cadenas y las policías sexuales; para abrazarnos, lamernos y sentirnos en público como un acto final de la alianza del cuidado y el amor; pero, sobretodo, como una reivindicación de nuestro placer y de lo mucho que nos ha costado mantenerlo.


Finalmente, esta danza peregrinante de la Bestia fue nuestra movilización social, pero también nuestro ritual de encuentro y de trámite colectivo de tanta tristeza. Fue nuestra obra de arte, una obra de personas que, aún cansadas de marchar eventualmente en vano, seguimos reinventando las maneras de hacerlo. Continuamos y nos mantendremos construyendo estrategias urgentes para seguir viviendo en este orden tan hostil.



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