CUERPAS A LA CALLE


Por Antonieta Clunes Reyes y Claudia León Arango

Colectiva Iconoclasta de Acciones de Arte Marejada.

En Instagram, @colectiva.marejada //



Antofagasta, tal vez no hayas escuchado hablar de este lugar, como sí has oído de Santiago de Chile, la gran capital que por años se mostró como el bastión del desarrollo en Suramérica; ejemplo a seguir, al ser hijo primogénito del neoliberalismo latinoamericano. Sin embargo, la expresión más salvaje de este sistema no se vive en los centros, se vive en las periferias. Como se vive desde Antofagasta, una de las ciudades más contaminadas del mundo, la región desde donde resistimos.


Un paisaje desértico, que desde su adhesión al Estado-Nación de Chile -hace no más de 150 años-, siempre ha sido visto como “la nada”. Un lugar donde todo se permite, un lugar para explotar, para generar riqueza de la cual sólo unos pocos se benefician. Un lugar que genera zonas de sacrificio altamente contaminadas con las que convivimos a diario. Territorio dominado por un sistema salvaje que arrasa con el ecosistema, con las personas que lo habitan y sus historias, con sus memorias y relatos que son vivencia de cuerpas diversas, cuerpas mestizas, cuerpas indígenas, cuerpas migrantes.


Como ves, la historia de resistencia de Antofagasta no comienza con el estallido social del 18 de octubre de 2019. Pero sí florece, toma un nuevo aliento, se siente acompañada porque al igual que en otros lugares, nos hemos dado cuenta que ya no hay nada que perder. Ahora vemos juntas que bajo el sistema que se nos ha impuesto no hay futuro posible. Así, este desierto se ha visto refrescado por la brisa que traen las ideas de un nuevo paradigma ecofeminista. Es desde aquí que nace esta colectiva, la cual cree que la ola feminista se convertirá en marejada y que pone el arte en el centro como herramienta transformadora de la realidad.


Nuestro objetivo es reavivar la relación arte y vida. Tan significativo es poner la cuerpa en una performance como lo es poner la cuerpa en primera línea. Entendemos que todas las formas de lucha son importantes; nuestra trinchera es el arte. Nos encontramos en rituales para explorarnos, para atender y canalizar nuestros dolores y preocupaciones políticas, culturales y sociales. Procuramos poner en práctica los principios feministas en nuestros procesos creativos. Somos iconoclastas, cubrimos para develar los símbolos de poder impuestos por el patriarcado y así, dar espacio para generar nuevos símbolos que nos lleven a crear la nueva historia por contar desde Abya Ayala.


Ocupemos nuestro primer territorio, llevemos nuestra cuerpa a la calle, activemos el espacio público, recuperemos los lugares que nos han sido arrebatados, creemos una autonomía simbólica, actuemos juntas. El estallido social no es exclusivo a un país, es una respuesta colectiva que trasciende los Estados-Nación, resistiendo a la primera frontera: la injusticia. Caerá todo símbolo de poder impuesto por la fuerza.

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