ATREVIDAS, LA GESTA DE LAS MUJERES TRANS EN COSTA RICA

Una entrevista a Camila Schumacher

Por: Darío Rodríguez//





Camila Schumacher es poeta. Ha sabido conjugar ese destino literario con una férrea vocación docente y de trabajo comunitario. Su vena lírica se deja ver no sólo en los poemas de ‘Pretérito interior’ sino en el difícil campo de la literatura juvenil (‘De poco un todo’ es una muestra del realismo más doloroso visto desde el lente de la infancia). En 2019 Ediciones Perro Azul -Costa Rica- publicó ‘Atrevidas’, una selección de relatos contados en primera persona por mujeres trans. El diálogo intenta un acercamiento a la creación del libro y a esta controvertida, fascinante comunidad.


¿Cómo se gestó y escribió ‘Atrevidas’?


Conocí a Dayana Hernández, presidenta de Transvida – la primera asociación trans que tuvo Costa Rica – en 2014. Me comentó que las chicas trans tenían gran necesidad y deseo de estudiar. Me involucré en ese proyecto educativo. Creí que me iba a encontrar con chicas cercanas al grado de bachillerato, pero la realidad de la población trans es distinta: dejan de estudiar en la pubertad. Una vez las conocí acepté el desafío y el compromiso de enseñarles, comenzó una relación cercana con ellas. Así empecé a trabajar en Transvida. El proyecto educativo se llama ‘De las calles a las aulas’, ahora tiene cincuenta y seis estudiantes, diecisiete graduadas. Abrió primaria además de secundaria. Doce docentes.


Cuando llegó el momento del grado de las chicas, en 2018 pactamos, entre ellas y yo una, especie de cierre. Surgió la idea de escribir unas crónicas que fueran aprobadas para una beca de creación literaria.

Se construyeron a partir de cincuenta entrevistas a mujeres que he conocido en estos años. Las entrevistas se convirtieron en treinta relatos, que son un relato colectivo. Por eso están escritos en primera persona. La voz narrativa se difumina para darles a ellas esa especie de megafonía.


El proceso de investigación para el libro duró un año, el tiempo que establecía la beca. El material terminó dándole la forma. Cuando fui a firmar el contrato con el ministerio, por la beca de creación literaria, celebré con las chicas en Transvida. Compré una serie de diarios íntimos y de lapiceros de color y se los entregué a quienes quisieran escribir su historia. Algunas lo hicieron. Otras, al final, decidieron que era mejor la entrevista grabada. Yo hacía las entrevistas, las grababa, dejaba que me pasaran por el cuerpo, las escribía. Luego volvía a Transvida y las leíamos. Ellas fueron las primeras editoras del texto.


Una tentación para quien escribe crónicas o registra testimonios es la de apropiarse de las voces ajenas, instrumentalizarlas, ¿como la venciste?


No sabría decirte si pasa con otros grupos…me parecía que apropiarme de las voces de ellas iba a ser como caer en un artificio y le iba a restar al libro muchísimo potencial. He tenido el privilegio de escucharlas, de compartir la cotidianidad de estas mujeres, sabía que mi voz suplantando la de ellas iba a ser un retroceso, íbamos a perder todas, y que lo más inteligente era darles cauce a esas voces, dejarlas ser. Por eso el libro no explica más que lo que ellas se explican a sí mismas.


Nunca hablé por ellas. Hay gente que pregunta, cuando habla de la población trans y de los pronombres, si decirles ‘ella’, ‘él’, ‘elle’, y si no hay una confusión en eso. Y hay una cosa muy importante: la segunda persona del singular no tiene género. Entonces, si yo no me apropiaba de esas voces, si las dejaba hablar, las que ponían su género y las que hablaban tal cual hablan, eran ellas mismas. Por eso cuando mencionan su infancia mezclan los pronombres, porque las mujeres trans son mujeres que fueron niños, no mujeres que fueron niñas. Esa particularidad se ve en el libro aunque está ahí un poco más sutil.


¿Cuál fue tu aporte literario a esta forma del relato testimonial?


Desde el punto de vista literario fueron los títulos de los relatos, sin duda. La estructura, el comienzo y el cierre de cada historia. La capacidad de escuchar. Eso te lo da la literatura en todos los ámbitos. Entendiéndola no solamente como un ejercicio de escritura sino también de lectura.

Si alguien hubiera escrito ese libro antes yo no me hubiera visto conminada a hacerlo, pero yo solo escribo lo que quiero leer y no encuentro en ningún lado. Antes de sentarme a escribir cualquier cosa busco todo lo que puedo, si el libro existe, está bien escrito y me satisface, no me siento a escribirlo. En este caso evidentemente no existía, y todo lo que se había hecho respecto a esta población o era muy académico o era muy caricaturizante, o estaba hecho desde afuera, y sentía algo que me han enseñado mis maestros: cuando uno tiene un talento, una posibilidad, también tiene una responsabilidad y un compromiso. Entonces, siendo fiel a esas dos cosas, surgió ‘Atrevidas’. En todo el libro hay una mano de escritora pero no hay afán de protagonismo, eso nunca me ha interesado ni en lo personal ni en lo literario.


¿Cómo le ha ido al libro¿ ¿Qué recepción ha tenido?


‘Atrevidas’ se presentó el 17 de mayo de 2019, el día contra la homofobia. En las presentaciones que hacemos siempre son ellas las que van, leen, contestan las preguntas. Tengo muchísima suerte de que la vida me haya puesto en ese lugar y me haya permitido escribir ese texto donde la idea es que mi mano se vea lo menos posible. Se presentó también en diciembre de 2019 en la Casa Trans de Buenos Aires. Ahí hice una breve intervención y las chicas, aunque no eran las mismas protagonistas del libro, usando la misma dinámica, infancia, lazos familiares (originales y reconstruidos), nombres, cambios físicos, la noche, las migraciones, las cárceles, la vejez, fueron contando sus relatos con micrófono abierto.


Este año estaba planeado hacer lo mismo en Centroamérica Cuenta y en una actividad en México que en este momento están, digamos, en pausa por el motivo de pandemia. Y había también una posibilidad de llevarlo a Colombia con una de las activistas trans, Daniela Maldonado. El libro fue reconocido, hace poco, con el Premio Nacional de Literatura en el área de Cuento – por primera vez se le concede en Costa Rica este premio a un trabajo de no ficción; algo ciertamente polémico -. La idea es que ‘Atrevidas’ tenga una segunda parte. Más allá de que ahora se ha incluido en la cátedra de Literatura Costarricense Contemporánea de la Universidad de Costa Rica, pasará a ser, además, una obra escénica para teatro callejero; las mujeres trans, después de recibir todo un entrenamiento, presentarán algunos de los capítulos monologados.


¿Cuándo veremos a ‘Atrevidas’ en Colombia?


Cuando se pueda viajar, ahí mismo prometo estar en todos los espacios. Y llamar a las chicas trans que viven allá, con las que tengo contacto y relación, y hacer algo bonito para todos. Tanto para quienes las escuchan como para ellas, que puedan también escribir y dar cuenta de sus propias historias.



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