AGRESIONES CONTRA LAS MUJERES: REACCIONAR O NO REACCIONAR, ESA ES LA CUESTIÓN

Por: Natalia Giraldo Castro//




“Cae el telón en la ciudad despiadada, todos caminan y a nadie le importa nada”

Realidad Mental


La calle es un lugar de disputa y para las mujeres incluso un lugar de mucho riesgo; todo el tiempo nos encontramos en constantes negociaciones para poder sentirnos seguras en los lugares que habitamos y transitamos. Salir a las calles implica para muchas estar expuestas a peligros y violencias que a cada quién le afecta de forma distinta, sin embargo es pan de cada día al que tenemos que hacerle frente y, en muchas ocasiones, ni siquiera sabemos qué hacer o cómo responder a estas situaciones.

Cuando vivimos agresiones en las calles muchas veces no reaccionamos, no porque no queramos, hay situaciones que nos toman por sorpresa, ninguna de nosotras sale esperando que algún desconocido se masturbe encima, te diga al oído las asquerosidades que te quiere hacer y muchos menos esperas que te atraquen entre varios o te toquen la cola al andar en bici.


Esto sucede porque la sociedad lee los cuerpos de las mujeres como objetos en constante disponibilidad y acceso. Se espera que como agredidas-acosadas no reaccionemos, aceptemos estoicamente las agresiones en el espacio público como un costo a asumir por estar en un lugar que no nos corresponde: LA CALLE. Lo cual, no es fortuito, es resultado del imaginario cultural que posiciona a las mujeres como seres pasivos que debemos aceptar en silencio la violencia y que además pertenecemos a un ámbito doméstico hogareño que nos salvaguarda de todo mal y peligro.


Ahora bien, es constante que muchas mujeres dudemos al reaccionar debido a aquella idea que tenemos desde pequeñas sobre la debilidad y vulnerabilidad de nuestros cuerpos; estos temores no son infundados, son consecuencia de imaginarios y roles de género, de ver noticias de feminicidios todos los días , de recomendaciones recibidas desde la infancia “no le busque males al cuerpo”, “Una mujer se hace respetar” etc. y de las historias de muchas amigas, hermanas, tías, mamás, conocidas que no supieron cómo responder a alguna agresión por miedo.


Las situaciones violentas son muchas, por tanto las reacciones son variadísimas. Muchas veces responder implica que seamos tildadas de locas o exageradas, seamos ignoradas, revictimizadas, agredidas físicamente, amenazadas, pasemos de ser las víctimas a convertirnos en mujeres desagradecidas y groseras por no aceptar pasivamente piropos no pedidos o manoseos no consentidos.


Muchas veces cuando no respondemos, el sentimiento posterior es la culpa y la frustración. No perdamos de vista que el miedo es un elemento determinante para que podamos responder, pero también depende de cada quien, a veces no tenemos el estado de ánimo necesario para reaccionar, o a veces no estamos de humor para absolutamente nada; a veces las personas tímidas y retraídas no se sienten con la suficiente seguridad para reaccionar o decirle algo a quien agrede o por el contrario también encontramos mujeres que reaccionan gritando, insultando, golpeando, escupiendo...etc.


Es vital entender que no hay respuesta adecuada o válida, esto depende de cada quien. No siempre vamos a sentirnos en capacidad de responder, pero es vital poder contar con herramientas que nos ayuden a reaccionar de alguna manera sin exponernos a riesgos mayores, aprendiendo a leer los contextos y las situaciones.


Cabe aclarar que las respuestas no siempre serán verbales, ni inmediatas pero es importante que empecemos a pensar en que estamos en todo nuestro derecho de manifestar incomodidad; podemos incluso pensarnos maneras “creativas” que no nos lleven a confrontaciones o discusiones con agresores como sacarnos un moco si hay un tipo que nos mira morbosamente, mirar muy mal al tipo, emplear lenguaje corporal que muestre nuestra incomodidad si no nos sentimos del todo bien, respondiendo con groserías o verbalmente. Responder algo que no se espera o simplemente acudir a personas de confianza para contarles lo sucedido, si definitivamente lo nuestro no es responder con palabras.


Si por el contrario, somos testigxs de alguna situación de acoso, podemos dirigirnos al acosador a preguntarle la hora o cualquier otra cosa que desvíe su atención, o ponernos en medio del acosador y la agredida si vemos que hay un tipo acercándose indebidamente en el bus a una mujer.


Si bien, no siempre vamos a responder de igual manera, o incluso algunas no nos sentiremos cómodas respondiendo, es vital comprender que nuestra incomodidad y miedo es legítimo. Tenemos derecho a poder vivir en las calles de manera tranquila sin que nadie nos acose o violente.


Debemos reivindicar nuestro derecho a responder, a defendernos, a transformar los ciclos de violencia en que las mujeres nos vemos violentadas en todos los contextos y nadie hace nada, está en nuestras manos.


En un país despiadado en el que a diario tenemos que ver feminicidios, violaciones y agresiones, la autodefensa es lo que tenemos para poder sortear la violencia y proteger nuestras vidas. Vamos perdiendo el temor porque el miedo va a cambiar de bando.

______________________________ Infografía de Daniela Ruiz Hidalgo para La maleta de herramientas contra el acoso callejero del OCAC. Col.


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