ABUELAS AL VOLANTE: EL CARRO COMO SÍMBOLO DE LIBERTAD EN EL ESPACIO PÚBLICO

Actualizado: oct 17


Fuente: "Granny" by Tuzlei is licensed under CC BY-NC-SA 2.0



Por: Krish Gómez //


Aprovechando la reapertura de algunos sitios, tuve la oportunidad de encontrarme con Robert y Rena, una pareja de amigos a quienes no veía hace mucho. Al hablar de nuestras familias y de las reuniones post-pandemia, Rena comentó como dato curioso que su abuela, doña Käthe, no siempre asistía a las reuniones familiares, incluso antes de la Pandemia. Rena es alemana y toda su familia vive allá.


La inasistencia de su abuela a las reuniones familiares se nos hizo curioso en cuanto que, en Colombia las reuniones familiares son por tradición en la casa materna, es decir, donde la abuela. Por lo general, llegan los hijxs con sus parejas, los nietxs y alguna amistad cercana, y la abuela ya tiene preparada la casa para recibir a las personas invitadas y a las que llegan de último momento. Dicho de otra forma, por lo general la abuela se queda en casa y son los demás familiares quienes se desplazan hacia ella.


En ese contexto colombiano, sería terrible que la abuela no quisiera estar presente en los eventos familiares, porque entonces ¿Qué actividad social realizaría? ¿Se quedaría sola sin visita? es lo primero que se nos viene a la mente como herederos de una tradición en donde ser abuela es sinónimo de casa materna, de hogar y de lo doméstico.


Posteriormente, Rena nos explicó que ese no es su caso puesto que, doña Käthe a sus 86 años tiene auto y conduce con total libertad por su pueblo y los pueblos vecinos, en donde tiene la posibilidad de decidir sobre qué tipo de actividades realizar y asimismo, la posibilidad de rechazar una reunión familiar.


En el caso de mi abuela, recordé que cada vez que se la sacaba al parque o a hacer alguna diligencia, ella estaba lista para salir con una hora de anticipación, se sentaba en la sala arreglada y perfumada, y ansiosa empezaba a acosar para que nos diéramos prisa a salir con ella, ya que veía ese espacio como una de las pocas oportunidades para salir de la casa a divertirse.


A diferencia de los demás miembros de la familia, las abuelas no salen solas a dar una vuelta por placer o a permanecer en el espacio público. Por eso, para una abuela el hecho de tener un carro implica libertad, apropiación y poder de decisión.


En Colombia no es común que las abuelas tengan carro, teniendo en cuenta los siguientes factores:


Por un lado, la mayoría de las abuelas de clase media son o vienen de tradición rural. Por ejemplo, hasta la década de los años cuarenta el 70% de la población colombiana era campesina, y a partir de ahí, se inició el proceso de migración hacia los núcleos urbanos (1). Ello influyó en el nivel de escolaridad (2) y la división de roles, en donde los hombres asumieron la jefatura del hogar, mientras que las mujeres se dedicaron a las labores de cuidado, por lo que existe una mayor dependencia económica de las mujeres respecto a los hombres de la tercera edad.


Sumado a ello, el costo de tener un vehículo en Colombia es superior al de otros países por lo cual, en una familia de clase media en la que se tenga un único vehículo lo común es que, sea el hombre de la familia quien lo haya comprado (papá, abuelo o hijo) y por lo tanto, sea él quien lo conduzca la mayor parte del tiempo.


Como se puede ver, la tenencia de un vehículo propio en el promedio de adultas mayores en Colombia está ligado al factor económico, académico y cultural. Por ejemplo, en las familias capitalinas que a lo largo de las diferentes generaciones han tenido mayor escolaridad y poder adquisitivo, es mucho más común que las abuelas tengan carro y profesión. Pero en la gran mayoría de familias colombianas no es así.


¿Y ello qué implica?


Por un lado, que las abuelas se queden en casa ejerciendo las labores domésticas y que su forma de socializar sea mediante las visitas de amistades o familiares. Dentro de lo doméstico entran actividades de abastecimiento como ir a la plaza de mercado, a la carnicería o a la sastrería y que, se consideran lugares “permitidos” para las abuelas(3). Por el otro, los abuelos a diferencia de las abuelas tienen más apropiación del espacio público. Es normal ver a un señor solo en la banca de un parque, sentado leyendo el periódico o viendo pasar a la gente, o a los señores jugando ajedrez, o a los viejitos parados en una esquina debatiendo sobre política y quejándose de que “las cosas ya no son como antes”. Dichas actividades no son comunes entre las abuelas.


Lo anterior, constituye uno de los antecedentes de la violencia de género en el espacio público, ya que la apropiación mayoritaria por parte de hombres ha venido desde tiempo atrás y aún, se ve reflejada en nuestros días. Lamentablemente las abuelas han tenido muchas más restricciones para el uso y disfrute del espacio público en comparación con las siguientes generaciones.


Sin embargo, para fortuna del gremio femenino, existen tres cambios en el paradigma tradicional en donde se mejora la relación de las abuelas con el espacio público, que están empezando a suceder y que se verán reflejados en un futuro cercano. En primer lugar, el cambio cultural generacional y económico permitirá más abuelas al volante, porque la generación siguiente a ellas tuvo mayor accesibilidad a la adquisición de vehículos, en nuestra generación y en las generaciones venideras ya se ve el hecho de tener un auto como algo normal. Es decir, que existirán más abuelas con carro propio conduciendo libres por la ciudad hasta que las funciones psicomotrices lo permitan.


En segundo lugar, en las nuevas generaciones se considera el vehículo como un medio de transporte, mas no como una experiencia de realización personal. La anterior generación a la nuestra veía al vehículo y la casa propia como un “must” de familia feliz de clase media, mientras que en nuestra generación el movimiento ecológico que promueve el uso del transporte público y alternativo (bicicletas, scooter) ha tomado mucha fuerza. Se está pensando en ciudades más caminables y amigables con el ambiente y como consecuencia, en el futuro habrá menos carros que ahora. Ante ello, las futuras abuelas podrán desplazarse de diferente forma en el espacio público.


En tercer lugar, en la actualidad el término “abuela” es el sinónimo cariñoso para referirse a una mujer de la tercera edad, es decir una anciana. Y es así, porque la gran mayoría de ancianas colombianas han tenido hijxs y nietxs. En el futuro próximo no todas las ancianas seremos abuelas, ya que tenemos la opción de decidir si queremos o no. Lamentablemente a las ancianas de hoy en día que no son abuelas, se les acusa de solteronas, viejas amargadas que nunca encontraron marido y cualquier cantidad de términos discriminatorios por no haber tenido hijos. Confío en que, las ancianas del futuro que hayan decidido no tener hijxs, sean vistas de otra manera.


Como conclusión, bien sean abuelas en carro, abuelas en bicicleta o ancianas no abuelas, lo importante es que se tenga la posibilidad de decidir libremente estar, usar y disfrutar el espacio público y no ser relegadas a habitar determinados sitios de la ciudad, como lamentablemente pasó y pasa con muchas de las abuelas de hoy en día. El llamado es a que como mujeres nos empoderemos desde ya de nuestras ciudades y le perdamos el miedo a estar en el parque, en la plaza y en la calle, y así, cuando seamos abuelas podamos estar libres como doña Käthe, tranquilas con nuestras amigas, sin temor a ser juzgadas. Finalmente, como nietxs debemos ser conscientes de la relación restrictiva de nuestras abuelas con el espacio público, por lo que pasar tiempo con ellas en el parque es un acto de rebeldía que las hará felices.


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1. (Rueda, 1999). 2. En Colombia el 50% de la población adulta mayor solo cursó primaria incompleta (Fundación Saldarriaga Concha, 2017). 3. Otro lugar que se relaciona con las abuelas son las iglesias, sin embargo, su presencia ha ido disminuyendo poco a poco.



REFERENCIAS


Fundación Saldarriaga Concha. (2017). La situación de los adultos mayores de Colombia. Secretaría Distrital de Planeación, Bogotá.


Rueda, J. (1999). El campo y la ciudad: Colombia, de país rural a país urbano. Credencial Historia N°119.




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